El 14 de octubre, durante una reunión con el general David Rodriguez, comandante del Comando de África estadounidense, el presidente nigeriano Muhammadu Buhari hizo una promesa ambiciosa. Aun cuando apenas es el quinto mes de su presidencia, Buhari dijo que la insurgencia librada por el grupo miliciano islamista Boko Haram habría terminado para finales de este año. ¿Eso es posible?
Boko Haram no controla el territorio que otrora tenía. Desde febrero, el ejército nigeriano —apoyado por tropas de Chad, Camerún y Níger— ha sacado a los milicianos de la mayoría de sus baluartes. El grupo actualmente controla sólo unas pocas áreas pequeñas del bosque de Sambisa en el noreste. El 28 de octubre, tropas nigerianas rescataron a 338 personas —en su mayoría mujeres y niños— de milicianos de Boko Haram en las márgenes del bosque. Más de un mes antes, un funcionario militar nigeriano dijo que fueron reabiertas las escuelas en ciudades de Borno que Boko Haram había controlado. Algunas de esas escuelas estuvieron cerradas por más de dos años.
En seis años, Boko Haram ha asesinado a más de veinte mil personas y desplazó a otros 2.3 millones de civiles. En abril de 2014 secuestró a 276 niñas del poblado remoto de Chibok, con lo que atrajo la atención mundial; 219 de las niñas siguen desaparecidas. A principios del año, cinco meses antes de que el predecesor de Buhari, Goodluck Jonathan, entregara el poder en una rara transición pacífica, Boko Haram controlaba alrededor de 30 000 kilómetros cuadrados de territorio al noreste de Nigeria, un área más o menos del tamaño de Bélgica.
“El surgimiento de Boko Haram y su continuación están en gran medida arraigados en el gobierno débil y la corrupción extendida que han minado instituciones claves de Nigeria, incluidas las fuerzas armadas”, dice Elizabeth Donnelly, asistente de dirección del Programa para África de Chatham House en Londres. Reportes de los medios locales, dice Donnelly, afirmaron que a algunos soldados en el noreste, donde Boko Haram está más activo, no se les pagaba, y que altos oficiales y funcionarios se embolsaban el dinero. Transparencia Internacional dio a los militares nigerianos una calificación de E (la más baja es F) en su Índice de Defensa del Gobierno contra la Corrupción. En su discurso inaugural en mayo, Buhari prometió extirpar la “corrupción generalizada” de su país. “Buhari se ha comprometido a reorganizar y reequipar a los militares, algo que él sabe cómo hacer dados sus antecedentes”, dice Donnelly. “Los abusos por las fuerzas armadas supuestamente han disminuido y la moral ha mejorado; eso es un éxito importante”.
Ello no significa que Boko Haram ya no sea una amenaza. Desde que Buhari asumió su cargo, ellos han matado más de mil personas. “Boko Haram hace lo que siempre hace en estas situaciones: cuando se halla bajo presión, se adapta para sobrevivir”, dice Donnelly. “Por lo tanto, ha habido un aumento en los bombazos suicidas, las incursiones y los ataques oportunistas”.
Se cree que el grupo ha llevado a cabo bombazos mortales durante todo octubre en Nigeria y los países vecinos de Níger, Chad y Camerún. “La erradicación completa de Boko Haram para finales de 2015 no es posible”, dice Donnelly. “Esta crisis, esta insurgencia extremista, tomó años para formarse. Detener del todo la violencia relacionada con Boko Haram no es realista en el espacio de unos pocos meses”.
Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek