Javier Montes Camarena: La pluma vs. La Furia

Cuando Javier Montes Camarena habla, sonríe siempre. Nada extraordinario, si no fuera porque la misma boca con que sonríe narra que su casa de Manzanillo —donde vive con dos hijos y su esposa— fue rafagueada con plomo 9 m, que su auto fue bañado en ácido, que el mandatario de Colima acordó con el director de un periódico despojarlo de la columna que escribía desde hacía quince años, que el candidato del PRI al gobierno estatal exigió al dueño de la más importante radiodifusora de la entidad apartarlo del programa de debate político que conducía. Los poderosos de Colima escuchan “Montes Camarena” y sienten escozor: no toleran su acidez humorística que devela lo que está oculto, su narración semanal de lo que ocurre en los calabozos donde los jerarcas de la entidad del Pacífico traman sus intrigas.

El periodista toma café negro y en un susurro me informa uno a uno quiénes están desayunando alrededor nuestro, como para que entienda que no es por estos preciosos jardines que me quiso ver en el restaurante Naranjos Campestre: en las mesas vecinas hay influyentes abogados, populares conductores de la TV local, asesores del gobernador Mario Anguiano (sustituido el 1 de noviembre pasado) y otros altos funcionarios que, aunque lo ven, evitan saludarlo. 

Pero lo que Montes Camarena tiene esta mañana frente a él —justo a mis espaldas— es una mesa rectangular con un pueblerino mantel naranja. Hoy, un martes de septiembre, esa mesa no tiene relevancia alguna. Pero en 35 días, también por la mañana, dos sujetos bajarán de un auto en Av. Constitución, ingresarán, se acercarán al exgobernador Fernando Moreno y le darán seis balazos. Por un milagro, ninguno de muerte. “Esas balas tienen el olor a la Calzada Galván”, me dirá Montes días después del atentado, refiriéndose a la vía donde está la Casa de Gobierno. “En Colima la bomba estalló”, advierte, y entonces este periodista de 66 años no para de escribir. No importa que su casa se llene de balas, o que lo echen de aquí y allá. “Los medios ya no me dan trabajo: la clase política logró segregarme”, acepta. Sonriendo.

Y si sonríe es porque en el portal Enlace Manzanillo halló su salvación: entre 80 000 y 100 000 colimenses leen cada mes su impetuosa vocación que lunes y jueves destripa lo corrupto en una página que él mismo creó cuando los dueños de los medios no quisieron saber nada de él, y tras una puerta se cerró otra, y otra, y otra.

—¿El periodismo sacude cada vez menos el statu quo? ¿Pese a grandes investigaciones es imposible vulnerar al poder y sus atrocidades? —le pregunto.

—No se crea —me responde, sonriendo.

JUDAS ISCARIOTE

Montes Camarena no daba tregua al gobernador Silverio Cavazos.

“Lo tenía seco”, reconoce. Con eufemismos o sin ellos, unas veces rudo y otras solemne, en su columna “Enlace”, del Diario de Colima, le decía “hampón”, acepta.

Pero una columna llamada “Santos y Pecadores” pudo ser el fuego en la pólvora. Montes comparó al gobernador Cavazos con “Judas Iscariote”, el apóstol traidor. Y entonces, la primavera de 2008 llegó a su casa sin aroma a flores, sino con un sonido que Montes imita así: “¡tac-tac-tac-tac-tac!”. Lo repite cinco veces, aunque en realidad fueron nueve los disparos que lo despertaron a él, su esposa, su hija Darinka y su hijo Joel el 21 de marzo a las 4:30 a. m. En el exterior quedaron los nueve casquillos de balas 9 m. La fachada de la casa en Valle de Las Garzas fue perforada —un proyectil entró en el domicilio—, lo mismo que su Jetta.

En el Ministerio Público, Montes Camarena no dudó: “Dije: el Comunicación Social del estado, se reunieron el 29 de junio. Ahí el autor intelectual fue el gobernador Cavazos”. Hasta hoy, todo lo que la Procuraduría General de Justicia sabe es que el arma usada fue una Luger P08 (Parabellum), que se suma a un dato que aportó un vecino: los agresores viajaban en un Grand Marquis.

“La investigación jamás resolvió nada”, añade. Tres años después del ataque, un directivo de la Unidad de Inteligencia Naval de la Armada de México le pidió una reunión. “Me dijo: ¿sabe quién balaceó su casa? ‘Silverio Cavazos’, respondí. ‘En efecto —me dijo—, ¿pero sabe quién?’. ‘No’. ‘El Cora’, un sicario que asesinaron en el Penal de Nayarit hace un año”.

Un domingo, mientras paseaba a su perro, Cavazos fue asesinado de tres disparos supercalibre 38. Horas después del trágico 21 de noviembre de 2010, Montes revisó su archivo y encontró una vieja columna que, recuerda el periodista, decía: “Este hombre no va a terminar bien”.

CÓRTALE LA CABEZA

Javier Montes Camarena lo dijo antes que nadie, y quizás el PRI sintió sus palabras como una daga: en su columna “Enlace” del 12 de junio del 2012, hizo esta pregunta: “¿Será verdad que en los próximos días la Marina Armada de México cumplimentará una orden de aprehensión por delincuencia organizada en contra de un candidato de la fórmula priista (…)?”. A las dos semanas, el 28 de ese mes, en la columna “Narcoelección” cumplió su augurio: tres días antes, por “presuntos nexos con el narcotráfico”, Felipe Lara, candidato a regidor del PRI en Manzanillo, había sido detenido “por parte de la Marina Armada de México” y “presentado y remitido a las oficinas de esa dependencia”.

—¿Cómo confirmó la detención de ese miembro del PRI? —pregunto a Montes.

—Héctor (Sánchez de la Madrid, director del Diario de Colima) no me publicaba si no tenía los pelos de la burra en la mano. Cuando me avisan fui a las oficinas de la PGR de la Avenida Elías Zamora, entré y lo vi con mis propios ojos: (Lara) estaba sentado, detenido junto a unas puertas de cristal. Al día siguiente de la columna sobre la detención, en rueda de prensa Lara señaló que jamás había sido detenido: “Lástima que exista gente que utiliza este tipo de cosas para obtener un fin político”, y se refirió a “columnistas” que filtraron esa información: “saben que no es cierto”.

Horas después de ese encuentro con los medios, el diario Mural publicó que, según fuentes de la Procuraduría de Justicia del Estado, “el político fue liberado al presentar un amparo federal”.

Finalmente, Lara fue exonerado de todo cargo, y hoy es subdirector de coordinación regional del Instituto Mexicano de la Juventud.

Sin embargo, la nota sobre la detención del político ya había sentenciado la muerte de la columna “Enlace”, publicada durante doce años en el Diario de Colima de lunes a sábado. Desaparecía así un espacio informativo que los habitantes del estado recibieron unas 3800 veces.

“Esa fue la última columna. No me publicaron ni jueves ni viernes ni sábado y envié mi renuncia”, dice Montes.

—¿Por qué dejaron de publicarlo?

—El director del Diario de Colima, Héctor Sánchez de la Madrid; el gobernador Mario Anguiano, y René González, jefe de Comunicación Social del estado, se reunieron el 29 de junio. Ahí hicieron las paces. Manuel, hermano del director del Diario de Colima, fue quien acordó la cita, estuvo ahí presente y me informó de todo lo que ocurrió. Me contó que el gobernador pidió al director del diario: “Queremos que le cortes la cabeza a Montes Camarena”, y la respuesta fue: “Me encargo de él”. De ese modo acabaron los tres años en que fuimos muy críticos con el gobernador, diciéndole sus verdades, y comenzó un periodo en que de Anguiano se empezó a hablar muy bien.

Anguiano, gobernador saliente, no aceptó una solicitud de entrevista. El director del Diario de Colima, consultado por Newsweek en Español sobre si negoció con el gobernador la salida de Montes, respondió “no me interesa”, y colgó. Manuel, su hermano, confirmó que él promovió esa “reunión de acercamiento y buena fe” en una casa campestre en Cofradía de Suchitlán perteneciente al gobernador. Esa mañana, en el momento en que el director del diario y Anguiano comenzaron a hablar, asegura, él decidió alejarse hacia una terraza para no oír nada: “Ignoro qué platicaron, pero supongo que nada oscuro: no creo que Javier Montes Camarena fuera un personaje tan importante como para ser tema de conversación”.

BALAS QUE HUELEN

Le pido a Montes Camarena que me ayude a interpretar el atentado contra el exgobernador Fernando Moreno, el 12 de octubre pasado, en el restaurante Naranjos Campestre, días antes de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anulara las elecciones de junio pasado en las que el candidato del PRI, Ignacio Peralta, obtuvo 506 votos más que su rival del PAN.

“Si Nacho (Peralta) llegaba al gobierno —responde—, el exgobernador Fernando Moreno iba a ser el poder tras el trono. Iba a ir sobre Anguiano para que tocara los dinteles de la cárcel. Una semana antes del atentado, Moreno declaró: ‘Yo les dije lo que iba a pasar en Colima’ (en realidad, declaró: en la precandidatura a la gubernatura, dije lo que iba a pasar, quiénes iban a gobernar, quién iba a ser el equipo cercano al gobernador, cómo se iba a desatar la violencia)”.

—¿Moreno y Anguiano han sido enemigos?

—Moreno siempre tuvo una batalla contra Anguiano, que se dedicó a emborracharse, a cabalgatas, fiestas, amoríos, y el estado endrogándose. Fernando era la voz cantante de Peralta y eso a Mario le disgustaba. Las balas huelen a la Calzada Galván (donde esta la Casa de Gobierno). Todo apunta al gobierno. Hay una relación de la autoridad estatal y el crimen organizado.

—¿La violencia en Colima está incontrolable?

—En este sexenio, el estado suma 1500 muertos. Fíjate bien lo que te digo: Anguiano no va a terminar bien, trae muchas cosas pendientes. Ya son dos (exgobernadores que sufren un atentado) en un sexenio. La bomba estalló.

El Poder Judicial de la Federación anuló las elecciones a gobernador de junio porque el secretario de Desarrollo Social en Colima, Rigoberto Salazar, aceptó que obligó a sus empleados a operar a favor del candidato del PRI, Peralta.

Como la sucesión no pudo concretarse el 1 de noviembre, Ramón Pérez fue nombrado gobernador interino días atrás.

—¿Cómo explica que Salazar aceptara que cometió ese delito, si con eso iba a favorecer la anulación de las elecciones? —pregunto a Montes.

—Fue una traición. Peralta y Anguiano llevaban una normalidad política: en el último Informe de Gobierno, Peralta declaró que el gobierno de Anguiano era excelente. Había una relación amistosa. Pero hubo un rompimiento y vino un ajuste de cuentas de parte de Mario. Rigoberto fue obligado a decir: “Sí, lo apoyé”.

TE VOY A MATAR

Montes Camarena se quedó sin empleo. En 2012 el Diario de Colima dejó de publicarlo, y aunque tuvo acercamientos con medios locales ninguno se animó a contratarlo: eso equivalía a enfrentarse al poder. En octubre de 2013 lanzó, tras dieciséis meses sin una vía para comunicar su trabajo, Enlace Manzanillo, portal independiente donde su columna aparece dos veces por semana.

Pero esa iniciativa, dice, no deja ganancias económicas. Padre de seis hijos, Montes Camarena aceptó trabajar en la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Manzanillo. En 2014, mientras en el Congreso se debatían las leyes secundarias en Telecomunicaciones, el subsecretario de esa dependencia, Ignacio Peralta, encabezó en Manzanillo las populares Fiestas de Mayo del estado, donde recibió a connotados jerarcas del PRI que le dieron su apoyo para ser el candidato en las elecciones del año siguiente. Montes escribió:

“El recibimiento y/o reunión de amigos del pasado sábado 24 de mayo fue autorizado por el señor presidente de la República Enrique Peña Nieto”, y en otras columnas agregó: “José Ignacio Peralta Sánchez es un empleado directo de Los Pinos”, “el candidato que quiere imponerle a Colima el presidente Enrique Peña Nieto”, “es el candidato con olor a Los Pinos”.

En efecto, las carreras del presidente y Peralta no estaban tan desligadas. Militan en el mismo partido, se llevan sólo cuatro años, Global Leader. Tras esas coincidencias, Peña nombró al colimense miembro de su equipo de transición y, luego, subsecretario.

El 4 de junio, un día después de que Montes escribiera que Peralta era un “empleado directo de Los Pinos”, el periodista acudió al Miércoles Ciudadano del Ayuntamiento. Al salir del Casino de la Feria de Manzanillo, sede del evento, lo interceptó el representante de Peralta en esa ciudad y regidor de la misma, Sergio Sánchez Ochoa: “Delante de mil personas me dijo: sinvergüenza, te voy a partir tu madre, te voy a matar por lo que dices de Nacho y de mí”.

Montes levantó en el MP la denuncia 390/14 contra Peralta como autor intelectual de amenazas de muerte y Sánchez como autor material. “A la denuncia le dieron recurso de alzada —dice el periodista—. Nunca se hizo absolutamente nada”. Sánchez no respondió a una solicitud de entrevista hecha a la oficina del PRI de Manzanillo. Peralta negó estar involucrado.

“¿Es amigo de Peña?”, pregunto en su oficina a Peralta, aún candidato al gobierno del PRI en las elecciones extraordinarias de enero. “Mi gratitud es enorme —acepta—: desde su equipo me permitió servir a México. Tengo enorme admiración por su patriotismo y voluntad”.

En todo caso, que Montes dijera que Peralta era un hombre de Peña no era ninguna novedad. Pero, según el periodista, a Peralta no le gustó que él, vía su columna, evidenciara esa imposición.

Peralta sabía que Montes estaba en una suerte de semirretiro periodístico, y que para subsistir recibía un sueldo de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado. El 10 junio de 2014 el director de esa institución, Daniel Cortés, lo llamó a su oficina.

—¿Qué le dijo Cortés exactamente? —pregunto a Montes.

—Nacho Peralta pidió que salieras de Capdam. Ya no quiere que estés aquí. Es muy fuerte lo que escribes. Pidió que te diéramos de baja por un escrito acerca del recibimiento (a los priistas) en las Fiestas de Mayo.

Montes fue corrido de esa institución, y en su columna escribió: “El subsecretario de Comunicaciones ordenó personalmente me despidieran de mi trabajo en el CAPDAM, el despido fue fulminante, la orden se cumplió cabalmente; si no lo asesino lo mato de hambre, diría José Ignacio Peralta Sánchez”.

El director de CAPDAM no respondió a una solicitud de entrevista.

TU AMIGO

El empresario colimense Dorian Levy se animó a dar el paso a fines de 2014: quería al periodista desheredado por los medios como figura central de una mesa redonda política en su sistema informativo radial Ángel Guardián. Le hizo la propuesta y Javier, aunque escéptico, accedió: “No te van a dejar hacer bien el programa, soy incómodo”. Levy respondió: “Me la juego contigo”, y Montes pidió: “En cuanto el gobernador Anguiano te presione, avísame”.

Cada sábado, Montes encabezaba desde las 9 a. m. Café con Grillos junto a dos colegas. Siempre en vivo, por Radio Levy.

La noche del pasado 30 de enero, dos meses después de que la emisión arrancara, el CEN del PRI designó a Ignacio Peralta precandidato único al gobierno. Desde ese instante Radio Levy estuvo en problemas: “Ignacio y Dorian son muy amigos, íntimos”, dice Montes. Por su investidura, Ignacio fue inevitablemente un tema caliente del programa, desde donde Montes insistía: es una imposición de Peña Nieto. “Transmitíamos desde Colima con el rating hacia arriba —recuerda—, pero de repente Dorian me dice: ‘Este sábado no hay programa, empieza a transmitirse los lunes’. Mi respuesta fue: ‘No necesitamos cambiarlo de día, los sábados está pegando, estamos creando conciencia’.

“A la semana no hubo programa y a la siguiente volvió a suspenderse.”

Levy avisó que la emisión en vivo cambiaba a cápsulas pregrabadas. Todo lo que se decía eran bites controlables antes de salir al aire.

Aunque al inicio Montes aceptó el nuevo formato, el plan original se corrompía. “Las cápsulas se editaban. Más claro: se mutilaban”, dice el periodista, que el 5 de marzo publicó en su portal “El adiós a Radio Levy”, donde indicó: “Hoy el PRI de Colima y sus candidatos malitos, soberbios y ladrones se sintieron ofendidos con mis críticas, su amenaza dio resultado y mis expresiones desaparecieron del espacio radioeléctrico. Se aplicó lo que el periodista danés Flemming Rose llama la ‘tiranía del silencio’. La intimidación logró callar las expresiones que denunciaban o ridiculizaban”.

Y cerró así: “No puedo aceptar el ejercicio de un periodismo crítico

—¿Cuál fue la respuesta de Levy?

—A los cuatro días de la carta me dijo: no me gustaría que te fueras de esa manera, sigamos con el programa grabado. Le dije: soy locutor profesional, más viejo que tú en la radio. Si seguimos grabándolo le vas a meter tijera. Aunque Dorian Levy no aceptó una entrevista de Newsweek en Español, envió a esta revista fotos de cinco mensajes de texto intercambiados esos días por ambos. Ahí, Montes se refiere al candidato del PRI como “tu amigo” (en ese diálogo Levy no niega que lo sea) y añade: “Los políticos de aldea son muy refractarios a la crítica”. Levy le contesta: “El programa seguirá (por el momento en cápsulas)”. El empresario prefirió no responder al siguiente señalamiento de Montes: “Hubo una reunión entre los amigos Dorian y Peralta, a quien le molestaba que yo lo tratara mal”.

—¿Qué comentarios suyos le molestaban a Peralta?

—Lo lastimó que hiciera visible que es parte de la élite presencial que lleva al país al desorden, y que dijera que no tiene arraigo en Colima.

En un acto de campaña, el candidato recorrió el mercado colimense 5 de Mayo. Ahí, un carnicero le extendió la mano. Peralta, para evitar ser manchado, se negó. “Fue brutal —dice Montes—, hizo así (hace el movimiento brusco de quien saca la mano). Desde ese momento me referí a Peralta como ‘el Asquitos’”.

El candidato tricolor, elegido por su partido para contender nuevamente por el PRI en las elecciones extraordinarias de enero próximo, después de que el Poder Judicial de la Federación anulara los sufragios de junio, aceptó hablar de la salida del aire del periodista. “No pedí ninguna represalia de ninguna naturaleza. Hubo absoluto respeto a la libertad de expresión”.

PENSIÓN Y AHORROS

El maíz y el sorgo de aquel rincón de Jalisco no daban para vivir. Por eso, María Camarena dejó el rancho Rincón de Luis un día de la década de 1940 y por caminos de tierra viajó a Manzanillo para recibir el auxilio de su comadre y tocaya, María Montes.

La recibirían el mar sosegado del Pacífico y un marino, José Luis González, que el día que se vio rodeado de cuatro hijos, Joel, Celia, Teresa y Javier, huyó para siempre. Las dos Marías se encargaron de la crianza, pero un mal día en que María Camarena se enfermó de alguna cosa sin importancia, una jeringa que no había sido esterilizada atravesó su piel.

Días después, los espasmos en la mandíbula pasaron al cuerpo y arquearon su espalda. La bacteria Clostridium tetan había entrado en su sistema nervioso. El tétanos fulminante la mató a los 39 años, cuando su segundo hijo, Javier, tenía sólo nueve. María Montes no tuvo tiempo para un duelo largo por su comadre: de un día para otro aquella mujer soltera ya tenía cuatro hijos.

Los vendavales de la vida no pararon ahí. Otros, con vientos terribles, entraron por la costa un 23 de octubre, cuando Javier era un niño: el huracán de México de 1959: “Soy sobreviviente de ese ciclón. A los vagones del ferrocarril los trajo como de plástico, los sacó de la vía, rodando. Hubo 2500 muertos, barcos hundidos, cadáveres flotando, tirados en la calle, enterrados por el cerro.

—¿Y a ustedes no les pasó nada?

—Vivíamos en el centro, nos quedamos sin techo. Yo tenía diez, mi hermano once. Mi madre nos salvó metiéndonos en una camioneta y ahí dormimos. Cuando despertamos, nos dimos cuenta de la lloradera: ahí está muerto fulano, ahí mengano, que se hundieron El Corzo, El Caribe, El Santo Tomás, y al lado los cuerpos flotando, los marinos que se ahogaron.

—¿Y cómo vivió el huracán Patricia de hace unos días?

—Una vacilada.

Javier adoptó el primer apellido de su madre de sangre, Montes, y el segundo de su madre de afectos, Camarena. Y para ayudar a la segunda, a los once años entró a la radio XECS, La Grande de Manzanillo. Pero no para redactar notas, ni manejar consolas, ni hablar a sus paisanos. “Entré a trapear y barrer”, dice. Tuvo que volverse mayor de edad para que se le apareciera el periodismo. Y si algo es culpable de esa mancuerna que está por cumplir medio siglo, es el béisbol. La revista El Atardecer le ofreció una columna de deportes cuando tenía dieciocho años, dos antes de que debutara como locutor. Primero en los deportes, luego en la política, a la que se metió de cabeza, en una zambullida que dura hasta hoy, con el primer programa de crítica política del estado: Los Caballeros de la Mesa Redonda.

La emisión que conducía junto a José Cárdenas Pallares —célebre cura de la ciudad que habla ocho idiomas— y el periodista Miguel de la Mora, aró en la crítica durante las década de 1980 y 1990, cuando el PRI imponía un imperio de silencio y censura.

Aquel niño que trapeaba los pisos, de adulto fue dos veces subdirector de la XECS, corresponsal de Excélsior, analista en la XENK 620 del DF y en Radio Paraíso de Puerto Vallarta. Todo, antes de volverse el columnista que Colima lee para saber qué pasa en los lugares donde se arma el destino del estado.

Sin embargo, “Enlace Manzanillo —aclara— no deja un peso”.

¿De qué vive? “De mi pensión y mis ahorros”, asegura.

—¿Vetado de los medios, con amenazas de muerte, una casa baleada, qué espera profesionalmente? —le pregunto.

—Consolidar mi independencia en internet: los medios de comunicación responden a sus conveniencias. Ya soy libre y puedo decir las cosas.

—¿El periodismo sacude cada vez menos el statu quo? ¿Pese a grandes investigaciones es imposible vulnerar al poder y sus atrocidades?

—No se crea —responde—. Le descubrimos al gobernador (Anguiano) su amasiato con una damita a la que hizo proveedora principal de su gobierno: Rebeca Alexandra Herrera. Se le descubrió el pastel: empresas (Publipán e Imaxe) que proveyeron al gobierno del estado fiestas, mobiliario, espectaculares. Todo eso se lo compró a ella con contratos millonarios. Si Anguiano no va a la cárcel es porque el sistema lo premia, pero creo que ahí es donde va a acabar. Ojalá, para escarmiento de muchos.

—¿Y usted, atacado por tantos flancos, no está inquieto?

—Con los cuidados pertinentes —dice—. Pero todos en Colima lo saben: el restaurante Chantilly es mi oficina. Me hablan los políticos o quién sea y me preguntan: “¿Dónde estas?” Les digo: “En mi oficina”. Yo entro a las once y salgo cuarto para las dos. Si van, ahí me encuentran.

Ya por la tarde, en casa, pone a Los Tres Ases, a Marco Antonio Muñiz, a Los Tres Diamantes, se prepara un café y a oprimir las teclas.

—¿Hasta cuándo piensa escribir?

—Mis dedos no tienen detectores que me digan: ya párale, cabrón. Yo le sigo —dice. Sonriendo, como siempre.