Inmigración: la contradicción máxima del capitalismo

El fenómeno de la inmigración que hoy sacude las fronteras de todo el mundo, de acuerdo con la opinión del politólogo y escritor mexicano Emiliano Monge, “demuestra la contradicción máxima del capitalismo, pues es con la inmigración en donde se ve la consecuencia de un sistema que nos hace nacer víctima o victimario, nos guste o no”.

Añade que no existe una sola frontera en el mundo, no sólo ahora, sino nunca, que no sea catastrófica: “Tenemos la frontera que conocemos bastante bien de México y Estados Unidos, la cual nos afecta a nosotros y a los migrantes centroamericanos, aunque para los migrantes centroamericanos esa frontera es un territorio que se llama México; tenemos un Mar Mediterráneo que es un sepultura para los migrantes africanos; está la frontera de Europa con Turquía y Oriente Medio… Esta contradicción muestra la tragedia del que tiene que dejar su lugar para ir a un lugar en donde pueda conseguir un trabajo de mierda”.

En su más reciente novela, Las tierras arrasadas, publicada bajo el sello de la casa editorial Literatura Random House, Emiliano Monge recrea el drama colectivo de la migración en un tiempo y espacio corrompidos por la miseria y la moral de los seres que los habitan.

En lo profundo de la selva y de la noche se encienden varios reflectores y un grupo de inmigrantes es sorprendido y atacado por otro grupo de hombres y mujeres, presas de la patria en la que viven y de sus propias historias. Así arranca esta road novel que atraviesa una nación donde los seres humanos son reducidos a mercancía, donde la violencia es el escenario en el que suceden todas las historias y donde el autor destila las esencias de una América Latina salvaje.

Un holocausto del siglo XXI, pero también una historia de amor: la de Estela y Epitafio, jefes de la banda de secuestradores. Una historia de alto voltaje estilístico y ritmo trepidante donde la ficción y la realidad —testimonios de inmigrantes dan forma a los coros de la novela— entretejen un mosaico conmovedor, perturbador y memorable.

“Efectivamente, creo que la inmigración es el holocausto del siglo XXI, sin miedo a exagerar con las palabras. Realmente es una tragedia de la que somos culpables todos. Si a un hombre le parten la espalda podríamos decir que no sabíamos, qué tragedia; pero si se la parten exactamente igual a mil centroamericanos, somos culpables todos: sociedad y Estado”, apunta el autor en entrevista con Newsweek en Español.

Monge considera que cada libro tiene una función y persigue un objetivo. En su caso trabajó el tema de la inmigración porque juzga que la literatura tiene que ser capaz de extraer de la penumbra temas que la sociedad o que los gobiernos mantienen en la oscuridad:

“Es decir, hacer visible cosas que la culpa social o la indiferencia social mantienen como invisibles. El otro motivo es la absoluta pasión que me da el tema y el interés que me genera tratar de hacer algo por la situación en la que se encuentran los migrantes”.

PONER ALGO A LA VISTA

No obstante, explica que el libro dista mucho de ser una novela de denuncia. Es, más bien, “como poner algo a la vista de los demás”. Y es que no hay ningún juicio de valor en la obra, “por eso no es una novela de denuncia; aborda un tema del que no se habla mucho, pero no hace un juicio de valor”.

—Sin embargo, el título de la obra en nada refiere a la inmigración —comentamos al autor.

—La verdad es que trabajo mucho con los títulos, me obsesiona mucho, creo que a cualquier escritor. Siempre sentí que el título tendría que ver más con el escenario, algo que lograra poner a tono el escenario en que sucede con el interior de los personajes, por eso es Las tierras arrasadas, en plural, porque hace referencia a los espacios geográficos por los que se mueven los personajes y a los países por los que emigran, pero también al interior de estos personajes, al paisaje digamos interior de cada uno.

—¿Qué significado literario tienen las fronteras para ti?

—Yo no creo en esto de las fronteras. La gran enseñanza de esta novela, que es algo que ya intuía y que ya tenía como certeza, pero que ahora es como muy fehaciente, es la estupidez de la frontera, de los nacionalismos. Creo que en buena medida la culpa de esto la tienen precisamente los nacionalismos, la exacerbación de las identidades nacionales, y la convicción de que el sistema capitalista no funciona.

“Yo creo que el único compromiso de la literatura es con el lenguaje. Decía Juan José Saer, un escritor argentino al que admiro y respeto mucho y que me parece que fue una mente brillantísima, que el único compromiso político de la literatura es inventar un lenguaje distinto al del poder. Ya después de eso, si uno se atreve o intenta o asume ese reto, puede hablar de lo que quiera”.

—Y el otro compromiso de la literatura en México debería de ser sumar cada vez más lectores…

—He vivido en México y en España y las dificultades son las mismas. Creo que es cierto que en México a grandes rasgos se dice que se lee menos, siempre se dice que en México leemos poco, pero en el mundo entero se lee poco. Los índices dicen, es cierto, que en México son bajos, pero no sé de qué tipo de libros. Yo creo que en el libro literario, que es lo que a mí me interesa, los índices de lectura son igual de bajos en todo el mundo. Eso implica muchas dificultades para el escritor evidentemente porque vivir de los libros es imposible, siempre hay que estar haciendo otras cosas para poder vivir y escribir.

“Y la mayor dificultad de escribir es esa —concluye Monge—. Cuando uno se vuelve escritor asume que renuncia a muchas cosas porque es un trabajo muy duro que implica muchas horas y energía, y se tiene que aprender a mantener energía y tiempo para poder sacar de dónde vivir porque de escribir no se vive”.