Siempre pienso en la parte creativa: Paco de María

Enfundado en un traje negro, Paco de María recuerda un tiempo distinto. Mientras habla sobre la época de oro del big band desde la terraza del hotel María Condesa, en la Ciudad de México, su voz profunda cantando Granada, acompañada de una orquesta, se alcanza a oír en las bocinas. A sus treinta años, este cantante originario de Ciudad Obregón, Sonora, se ha vuelto el principal exponente en México del big band,una formación característica de las primeras etapas de la historia del jazz.

El próximo 7 de noviembre, De María presentará su espectáculo “Cien años de Sinatra” en el Lunario del Auditorio Nacional. En charla con Newsweek en Español revela que escucha discos de Frank Sinatra desde que era niño y que cambió el basquetbol por la música.

—¿Dónde nació tu gusto por la música?

—Me lo heredaron mi papá —que desde hace años comenzó a regalarme discos de Sinatra— y mi abuelo, que fue maestro de canto en las décadas de 1970 y 1980 y le dio clases a José José, Yuri, Vicky Carr; a Lupita D’Alessio, Emmanuel y Fernando de la Mora.

“Este género, el big band, viene desde la década de 1920, y fue muy famoso a escala internacional, sobre todo en la época de la Segunda Guerra Mundial con las grandes bandas, y ya luego en un nivel muy comercial estuvieron Frank Sinatra y Tony Bennet.

“El gusto por este género me lo heredó mi papá, quien es norteamericano y se quedó atrapado en su época, en este tipo de música. Y me dedico a este género porque es lo que me gusta, es muy completo, y afortunadamente se está moviendo bastante bien. Mi primer disco salió en 2007 y ha sido desde entonces cuestión de picar piedra. El público se ha agrandado únicamente por recomendaciones; mientras que en mis primeras presentaciones iban como veinte personas, ahora van cinco mil o diez mil”.

—¿Y el público?

—Empezó sobre todo con gente mayor, pero ahora es un público muy mezclado, los lugares también ya son lugares más grandes, pero prefiero lugares chiquitos. Aquí en México hay un lugar que se llama Zinco con una onda muy de Nueva York. Es subterráneo y le caben unas 180 personas; lo que llama la atención es que es un lugar exclusivamente de jazz, entonces para meter a casi toda la banda estamos todos apretados y la gente está muy cerca.

—¿Consideras vigente el género que cantas?

—Actualmente sí, aunque se perdió por unas tres, cuatro décadas; pero antes, en la época de Sinatra, el big band era como el pop hoy en día. Esto pasó por muchas razones, entre ellas la crisis en la industria. Grabar este género no es barato, es grabar a la orquesta y llevarla a cada evento, y ahora la música se hace en chiquito. Afortunadamente para mí, en los conciertos se paga todo, incluso cuando me acompaña una orquesta grande con los boletos sale, pero los discos son más complicados.

—¿A qué se debe este proceso?

—Las grabaciones son bastante más caras porque implican arreglistas, cada instrumento con su tiempo de estudio. Sobre todo porque el disco ya no se vende actualmente, ya no es negocio a menos de que seas Lady Gaga con veinte millones de copias. Un disco es la herramienta promocional de un artista, y sirve para tener una continuidad en tu carrera; además, como todavía existen las tiendas físicas se siguen lanzando, pero las ventas son principalmente en el mercado digital. En el caso de mi último disco, afortunadamente vamos a hacer una nueva versión con material adicional y una reedición porque le fue bastante bien: estuvo cuatro semanas en los primeros lugares de ventas.

—¿Qué otras pasiones tienes además de la música?

—El deporte, de hecho fui seleccionado nacional de basquetbol desde niño, en México y en la selección de California, donde crecí. Tenía beca de hecho para la universidad, pero decidí dedicarme a la música.

—¿Cómo tomaste la decisión de cambiar tu camino?

—Justo cuando estaba en mi momento más fuerte del basquet y eran entrenamientos como de seis horas diarias, en ese momento con mis amigos y la fiesta, decidí irme por la música.

—¿Te arrepientes de esa decisión?

—No, lo que hago ahora lo hago con gusto siempre, nunca lo he tomado como un trabajo. Me encanta porque siempre estoy pensando en la parte creativa. Sobre todo en este género con una orquesta en que a fuerzas necesitas un buen arreglo. Y es tan importante el cantante como la orquesta a diferencia de otros géneros en que el arreglo, la música, pareciera sólo un acompañamiento.