“Vivimos en la era dorada de la televisión”: Spielberg-Hanks

El 10 de febrero de 1962, en el Glienicke Brücke, un puente que cruza el río Havel y en cuya mitad exacta se hallaba la frontera entre Postdam en el Bloque Oriental y el Sector Americano en Berlín Occidental, el piloto estadounidense Francis Gary Powers y el espía soviético Rudolf Abel cruzaron la línea blanca que dividía el puente. Powers avanzó hacia el territorio de la RFA y Abel, hacia el de la RDA, mientras un hombre los miraba atentamente a ambos. Se llamaba James B. Donovan, era abogado, y sus oficios como negociador habían conseguido que Powers y Abel regresaran a sus respectivos países.

Powers había sido el piloto del avión U-2 que, mientras conducía una misión de espionaje sobre territorio de la URSS, fue derribado por el ejército soviético el 1 de mayo de 1960 y encarcelado. Abel, cuyo verdadero nombre era Vilyam Fisher, fue detenido el 21 de junio de 1957 en Nueva York por agentes del FBI bajo el cargo de espionaje. Donovan lo conocía bien: había sido su abogado en el juicio que Estados Unidos montó en su contra, y si bien lo perdió, consiguió una apelación que evitó que Abel fuese condenado a muerte.

Los motivos de Donovan para tomar un caso que muchos otros abogados rechazaron no sólo se fundamentaban en su ética profesional: en tanto tenía experiencia en el campo de las pólizas de seguro, advirtió antes que nadie que Abel era mucho más valioso vivo que muerto.

Cinco años más tarde, Donovan condujo el primer intercambio de espías en el Glienicke Brücke, en plena Guerra Fría y detrás de la Cortina de Hierro.

Bridge of Spiesla nueva película de Steven Spielberg y que protagoniza Tom Hanks, cuenta la historia del abogado Donovan y de ese primer intercambio de espías en el puente Glienicke, que con el tiempo sería rebautizado como “Puente de los espías”.

La historia, cuyos detalles Spielberg conoció en su adolescencia luego de que su padre, un ingeniero que realizó un viaje de intercambio con General Electric a la Unión Soviética donde le fueron mostrados los restos del U-2 derribado, supone la cuarta cinta en la que Spielberg y Hanks han trabajado juntos como director y actor, luego de Saving Private Ryan (1998), Atrápame si puedes (2002) y La terminal (2004).

Bridge of Spies, que tuvo su premiere mundial el pasado 4 de octubre en el marco de la edición número 53 del New York Film Festival, se estrenará en Estados Unidos el 16, y en los días subsecuentes en el resto del mundo; en el caso de México, el filme llegará a las salas el viernes 23.

En una suite del Hotel Ritz Carlton, situado en la parte sur de Central Park, Spielberg y Hanks conversaron en días pasados con Newsweek en Español acerca del origen de esta nueva cinta, de sus colaboraciones recurrentes, de la aparente reedición de la Guerra Fría a partir de la tensa situación que se vive en Oriente Medio y que nuevamente enfrenta a Estados Unidos y a Rusia, así como del éxito que experimenta hoy la televisión a partir de la creación de series en formato largo, uno de cuyos puntos nodales lo constituye el surgimiento de Netflix hace algunos años.

Esta es la conversación.

—Antes que nada, tengo que decir que, como periodista, entrevistarlos a ambos equivale a tener un trío con Katy Perry y Rihanna.

Tom Hanks (TH): ¡Caray, hombre! ¿Y quién es quién?

—No sé, ustedes díganmelo…

TH: Puedo ser cualquiera de ellas. Bueno, creo que es tu día de suerte.

—Sin duda.

Steven Spielberg (SS): ¡Qué divertido!

—Sé que su padre, quien estuvo en Rusia durante la Guerra Fría, le contó una historia, y ese es el origen de Bridge of Spies.¿Por qué, Steven, decidió filmar la historia en esta época, es decir, por qué no antes? Antes fueron Imperio del sol, La lista de Schindlery Rescatando al soldado Ryan,¿por qué en este momento?

SS: Bueno, si yo hubiese decidido hacer una película únicamente sobre Gary Powers, el piloto estadounidense del avión espía U-2 que fue derribado por los soviéticos, si tan sólo hubiese decidido hacer una película sobre ello…. Debo decir que yo conocía esa historia muy estrechamente puesto que mi padre vio los pedazos del U-2 derribado durante un viaje de intercambio con General Electric: cinco ingenieros fueron enviados a la Unión Soviética y cinco ingenieros rusos viajaron de Moscú a GE, en Arizona, por espacio de tres semanas. De modo que yo sabía todo lo que había pasado luego de que mi padre volvió y me contó la historia a detalle. Pero yo no estaba interesado en hacer una película acerca de la Guerra Civil, no estaba interesado en hacer una película sobre la Segunda Guerra Mundial, o una película sobre un Abraham Lincoln genérico o, pongámoslo así, sobre Abraham Lincoln y la Guerra Civil, o sobre Gary Powers y la Guerra Fría, lo que me interesa a mí, y es lo que siempre me ha impulsado, es el ser humano, la historia de un individuo, y no tiene que ser la historia de un superhéroe, sino una historia enfocada en los detalles de un personaje que hace algo extraordinario.

“Y eso fue lo que me llevó a hacer una película como Saving Private Ryan, la historia del Capitán John Miller que Tom interpretó, esa fue mi manera de entrar en la Segunda Guerra Mundial. Y mi manera de tocar la Guerra Civil —y debo decir que tampoco estaba interesado en hacer una película genérica sobre el tema— fue tocar la figura del gran hombre que fue Abraham Lincoln, un tema muy específico de la historia de Estados Unidos. Y mi manera de entrar en esta historia de la Guerra Fría fue cuando supe lo que James Donovan había hecho para negociar un peligroso intercambio de espías, en plena Guerra Fría y detrás de la Cortina de Hierro, entre el piloto estadounidense y un espía ruso convicto. De modo que son dos miradas y la personalidad de un personaje lo que me condujo a este enorme contexto global”.

—Volveré a eso más adelante. En mi opinión, James Donovan es un personaje hecho a la medida para ti, Tom…

TH: (Risas) Así lo creo. Hicimos muchísimo trabajo para que pudieras decir eso. Nunca me vi como él, pero está bien.

—Pienso que tu personificación es brillante, pero incluso con un traje hecho a la medida, debe ser difícil trabajar con Steven Spielberg. ¿Qué tan difícil o qué tan fácil es trabajar con el Maestro?

SS: Oh, gracias…

TH: Te diré que lo más difícil de trabajar con Steven es la cantidad de fe que pone en ti. Él no te da un papel a menos de que tenga tal fe y esté en verdad convencido —no sólo conmigo, sino con todos los miembros del elenco también—, porque verdaderamente confía en ti y desea que llegues a trabajar todos los días con tu mejor actitud, completamente preparado. Y no es sólo saberte el parlamento, eso es lo de menos, sino conocer su intención y, entonces, ser capaz (no sólo estar dispuesto, sino ciertamente ser capaz) de salirte del guion en esas áreas en las que puede ser sólo un proceso mental o, a veces sí, verbal, si bien en ocasiones de lo que se trata es de llevar la escena hacia un lugar que nunca habrías imaginado.

“Eso es lo duro de trabajar con Steven. Él es un tipo encantador en el set, es decir, trabajar con él es una experiencia muy placentera. Tanto que nunca pensarías que hay algún tipo de presión, a menos de que se esté perdiendo el tiempo o algo no funcione. Pero en el trabajo que haces día a día y codo a codo con Steven te das cuenta de que él no es el jefe, sino un colaborador más, y eso no sólo pasa conmigo, sino también con Scott Shepherd y con el último de los extras y con cualesquier otro que pueda estar en la escena, sin importar si tienen muchas líneas o no. Puedo mostrarte una secuencia de esta película, uno de cuyos momentos clave y más encantadores es una escena en la que un tipo que ni siquiera tiene líneas —no tuvo líneas en la escena ese día—, pero la manera en que Steven lo hizo sentarse, coger un periódico y ver lo que está sucediendo, fue extraordinaria; eso es lo que él quiere de ti, esa clase de colaboración. Y eso significa que debes tener mucha energía, y tienes que haber descansado bien, y tienes que ser capaz de responder a cada una de sus preguntas cuando estas surjan. Porque a veces él te hará preguntas como: ‘¿Qué piensas que haces aquí?’. Y si no tienes una respuesta, estás frito. Entonces, eso es lo más difícil de trabajar con él”.

—La misma pregunta para usted. ¿Qué tan difícil o sencillo es trabajar con Tom Hanks?

SS: Lo que obtengo de Tom —y he tenido esta experiencia no sólo dirigiendo a Tom como actor, sino en nuestras colaboraciones como productores de miniseries, como Band of Brothers, The Pacific y una tercera en la que estamos trabajando actualmente— es que siento mucha más confianza como persona y como director cuando trabajo con él. Tom eleva mi nivel de confianza a un punto en que me hace sentir que cualquier idea que yo tenga no es una mala idea. Tal vez sea un ajuste en algo, quizá sea algo un poco diferente de lo que Tom tenía en mente ese día, pero él me hace sentir lo bastante valiente como para sacar ideas en verdad locas de la nada y presentárselas, digamos, algo así como una oportunidad de darle a una escena un sabor diferente.

“Cuando trabajas con un guion todos los días te aburres de él. Simplemente pasa, a todos los directores les pasa. Lees la misma escena una y otra y otra vez. Y cuando empiezo a aburrirme con una escena, caigo en cuenta de que el público podría también aburrirse. Entonces, ¿qué podemos hacer para darle nueva vida? ¿Qué podemos hacer para mantenerla objetiva con el fin de no perder nuestra objetividad —y eso es lo peor que le puede pasar a un cineasta: perder la objetividad—? ¿Cómo la mantenemos fresca a los ojos de todos? Se trata entonces de todos esos ajustes que fluyen durante el trabajo, ni siquiera es necesario cambiar del todo la escena, puede ser, simplemente: ‘¿Por qué no hacemos la escena contigo parado en la puerta y no sentado en la silla?’ Puede ser algo tan simple como eso. Pero le inyecta nueva vida, un nuevo aliciente a la escena cuando me he —creo yo— acostumbrado demasiado a como está en el papel…”.

TH: Y eso sucede todo el día durante la filmación. Y no es como si tuvieras establecida la forma en que la escena va a rodarse y sólo sigues repitiéndola, sino que intenta algo nuevo en las últimas dos tomas del día…

SS: Y si no lo hago, no le propongo algo nuevo a Tom. Pero yo siento que Tom… los dos sentimos que podemos hacer la escena una vez más. Así que, digamos, normalmente me retiraré después de cuatro tomas. Pero si no le digo algo a Tom y hago una quinta toma, él improvisa muchos ajustes en esa quinta toma. Y si no digo nada, entonces él dice: “Bien, hagamos una más, sólo por hacerla. Hagamos una más para ver qué sale”. Y Tom le dará toda una serie nueva y diferente de valores sólo por hacerlo una vez más. Y eso es algo que él hace cada vez, la misma rutina, toma tras toma, lo cual a mí me motiva a hacer más tomas.

TH: De hecho, yo aleccioné a los otros muchachos en la película acerca de esto, porque esta es mi cuarta película con Steven. De modo que me reunía con ellos un par de días antes de filmar y repasábamos la escena y hablábamos de ello. Ellos tenían la impresión de que Steven es un director-autor y que la recrearía cada vez, haciéndola exactamente como lo había pensado, y yo les decía: “Amigos, no, no, no es así. Empecemos de una vez a pelotear con esto y hagámoslo de cualquier manera que se nos ocurra, porque eso es justo lo que Steve va hacer”. Y, en verdad, Steve, les moviste el tapete… Cuando íbamos en el auto, cuando llegamos por primera vez al aeropuerto de Tempelhof, estos chicos decían algo así como: “Lo estoy haciendo de una manera que no me hubiera imaginado jamás”; yo simplemente les dije: “Bienvenidos a una película de Steven Spielberg”.

—Me imagino que Tom fue su primera y única opción para esta obra.

SS: Sí.

TH: ¿En serio? ¡Bien por ti!

SS: Bueno, vi a Martin Short…

TH: No me digas, estaba muy ocupado…

SS: No, no… dijo que esto no era para él.

TH: No sé qué haría sin ti…

—Queda claro que ustedes dos se conocen muy bien, y a los dos los ha tocado profundamente la historia. En la relación Spielberg-Hanks parece existir un vínculo llamado guerra. Entiendo, Steven, que a usted lo que le importa es el ser humano y no la guerra, pero no puedo evitar pensar en Saving Private Ryan, en Band of Brothers y The Pacific,donde fungieron como productores ejecutivos, y ahora en Bridge of Spies. Vamos, incluso una comedia romántica como La terminal tiene un elemento de conflicto…

SS: Krakozhia, allí empieza toda la historia. Bueno, para empezar, la guerra es un contexto muy llamativo para el trasfondo, porque crea muchísima tensión y drama que no puedes tener si lo que tienes de trasfondo es un profesor de preescolar. En realidad yo no cuento a Krakozhia como el trasfondo, aunque ciertamente motiva porque él quiere regresar a casa, pero no es propiamente el porqué él vino al país: él vino al país a buscar a Benny Golson y conseguir su autógrafo, no por la guerra en Krakozhia. De modo que creo que de las cuatro películas que hemos hecho juntos como director y actor, sólo dos han tratado de la guerra, y las otras dos han sido comedias encantadoras… comedias dramáticas sería una mejor definición… empezando por Atrápame si puedes.

TH: Sí; pienso que las cintas siempre se basan en lo que sucede en la realidad. Incluso en La terminal tuvimos que lidiar con Homeland Security. Había cosas que era imposible que sucedieran, y no puedes romper ese lazo con la conducta humana. Y en Atrápame si puedes, bueno, teníamos a Frank Abagnale, y yo me di a la tarea de registrar lo que en verdad sucedió: “¿Cómo funcionó realmente esto, qué fue lo que en verdad pasó? No vamos a inventarnos nada, averigüemos qué sucedió”. Y yo le pregunté a Frank Abagnale sobre el personaje de Joe Shea que al final se convertiría en Carl Hanratty: “¿Qué hay con este tipo del FBI?” Él respondió: “Me salvó la vida, y fue así porque este tipo un día se me acercó y me dijo: ‘¿Quieres ayudar al FBI? Te sacaremos de la cárcel si puedes ayudar al FBI’”. Y ya sabes, cuando empiezas con… casi siempre comienzas con la relación entre dos seres humanos y cualquier espectador es capaz de reconocerlo. No todos los espectadores eran soldados cuando el ejército invadió Normandía, no todos los espectadores estuvieron en Berlín en 1961, pero cualquier espectador ha estado en circunstancias similares a las que aluden tales caracterizaciones. Esa es la clase de películas que Steve hace. Por supuesto, no todos los espectadores han visto a un extraterrestre aterrizar en su patio trasero, pero ciertamente todos hemos desarrollado una especie de afecto por alguien que luce como un pez al que han sacado del agua.

—En este momento el mundo está viviendo una suerte de reedición de la Guerra Fría: la situación entre Estados Unidos y Rusia es muy tensa en relación a Oriente Medio. Si mirásemos en perspectiva, la antigua Guerra Fría parece hoy un juego de niños. En este contexto, Bridge of Spies luce como una película romántica sobre espías, me refiero a que trata sobre un espía, un villano que no es tan malo, y un patriota, un hombre decente que a los ojos de la gente parece un traidor. ¿Tenía usted en mente hacer una película así?

SS: No, la parte romántica nunca pasó por mi cabeza mientras escribía el libreto, no cuando trabajábamos en él, no cuando filmábamos la película; aquel tiempo fue realmente un tiempo muy peligroso. Fue la época en que Krushchev casi presionó un botón que hubiera provocado que nosotros presionáramos otro causando un holocausto termonuclear entre ambas naciones; de modo que no fue una época romántica, en absoluto, siempre existió un gran riesgo. Hoy, en cambio, ya no tenemos nuestros misiles balísticos intercontinentales apuntando uno contra el otro y dejamos de estar en pie de guerra; eso ya no existe en el contexto actual. Sin embargo, hoy existen muchos más espías, ciberhackers, personas que llevan a cabo espionaje financiero, industrial y, literalmente, hackeo por deporte. Hoy hay muchos ojos vigilándonos, y supongo que también nuestros ojos están vigilando a los demás, me refiero a los drones y los sobrevuelos de drones como una nueva arma para suprimir, prevenir o contener el terrorismo, de modo que la actual también es una época muy peligrosa. En ese sentido, podemos hablar de distintos niveles de peligro en cada periodo, pero el nivel de peligro que hubo en 1960 fue probablemente el más elevado en torno al inicio de la Tercera Guerra Mundial que hemos experimentado antes o después de eso.

TH: Sin duda, definitivamente hoy existe un enorme peligro de ataques terroristas, pero aquella fue una situación global: si cualquiera de los dos bandos hubiese decidido proteger sus intereses iban a ser veinte ciudades arrasadas por tecnologías muy asequibles en esa época…

SS: Y hubiésemos envenenado el aire para todos. Fácilmente hubiéramos perdido la mitad de la población mundial…

TH: …y la humanidad se habría retrasado cinco mil años. Lo que resulta curioso es que la diferencia entre que eso pasara o no pasara fue sólo esa línea de pintura a la mitad de un puente: mientras cada uno permaneciera de su lado todo estaría bien y todos vivirían. Hoy en día no creo que exista una sola línea así en el contexto de la sociedad actual. No hay reglas y parece haber una notoria discapacidad para controlar actos irracionales de gente a la que no le interesa vivir.

—Quizá hoy puede ser vista como una época romántica porque afortunadamente nada pasó…

SS: Eso también es cierto, es la historia real: ambos lados obtuvieron lo que buscaban y nosotros, los espectadores, pudimos comprender cómo las palabras pueden ser mucho más poderosas que las balas.

—Hace algunos años, como productores ejecutivos de The Pacific y Band Of Brothers, ambos fueron pioneros de las miniseries. Hoy tenemos este nuevo fenómeno llamado Netflix. ¿Cuál es su opinión de esta nueva forma de ver televisión? ¿Silicon Valley está acabando con Hollywood? ¿Cuánto más van a cambiar las cosas? ¿Cuánto más se involucrarán en la producción de series de televisión?

SS: Mi compañía hace muchas series de televisión, en Amblin Entertainment Television tenemos siete al aire en este momento, eso es mucha televisión. Me encantan las miniseries, me encanta darme atracones de televisión, es decir, pasar diez horas sin descanso viendo Bloodline, o Silicon Valley en dos días, es decir, seis horas un día y seis al siguiente.

TH: Estamos viviendo una era dorada de la televisión, de una extraordinaria televisión y talentos fantásticos en cada campo: directores, escritores, cineastas, directores artísticos. Hoy existe una gran demanda de buenos productos en televisión porque ha ocurrido algo fabuloso: tú y yo podemos ver cualquier programa que exista en el momento que queramos, ese es el “High Country”, cuando tienes la libertad para escoger en qué momento invertirás tu tiempo en una historia larga, sean las diez horas de Band of Brothers, o las siete temporadas de The Sopranos o las cinco de Mad Men… eso es belleza pura en la palma de la mano de quien sostiene el control remoto. Ciertamente el cine va a pasar por cambios estructurales y económicos importantes… pero, ¿la televisión? Sólo contemos: Hulu, Netflix, Amazon Prime, HBO, Showtime… todas esas compañías mueren hoy por transmitir grandes obras de arte en sus cadenas, y eso es increíble para cualquier fanático de las historias visuales.

—¿Te veremos en una serie de televisión pronto, Tom?

TH: No lo sé, tal vez… En la actualidad hay temas, historias, que sólo se pueden contar de manera certera en el formato largo de televisión, y si eso significa que mi única oportunidad para trabajar en una serie de televisión es esa, no dudaría ni por un segundo en actuar en una pieza televisiva única que existiría para siempre en HBO GO o en Netflix… si tan sólo recordara mi contraseña para esas cosas…

SS: Esa es la parte más difícil.

TH: Cada que quiero ver algo, tengo que coger el teléfono y hacer al menos tres llamadas antes de ver cualquier programa en Netflix porque nunca la recuerdo…

—Bien, pues parece que el trío terminó…

TH: Sólo dime una cosa: ¿fui Rihanna o fui Katy Perry? ¡Déjame ser Katy Perry! Me encontré con ella la semana pasada…

SS: Yo conocí a Rihanna, no conozco a Katy Perry, de modo que yo seré Rihanna.