La encíclica Laudato Si del papa Francisco, publicada en junio, insta a la humanidad a actuar por su “alegre irresponsabilidad” en la persecución de ganancias y su explotación de la tierra. Estamos dañando a las partes más vulnerables de la sociedad y, al hacerlo, destruimos nuestro único hogar, dijo, pidiendo nada menos que un cambio de paradigma social y económico.
Detrás de esta radical encíclica ambiental estaba el Cardenal Peter Turkson, considerado alguna vez como un contendiente al papado. Turkson, de Ghana, es actualmente un consejero clave del Papa, y dirigió la creación del primer borrador de la encíclica y coordinó el equipo que ayudó al pontífice a redactar la versión final. Newsweek habló con Turkson justo cuando Francisco aterrizaba en Nueva York, el 24 de septiembre.
—Algunos miembros del Congreso han usado la Biblia para afirmar que el cambio climático no existe. Por ejemplo, una vez, el senador Jim Inhofe citó un versículo del Génesis: “Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán”. [Génesis 8:22]. Y que, debido a esto, no sería posible que estuviéramos cambiando el clima. ¿Cómo respondería a ese argumento?
—No quiero manifestar ningún desacuerdo con el congresista o participar en ningún debate exegético con él sobre cómo leer o interpretar alguna parte de la Biblia o de las Escrituras. Pero cualquier persona que esté familiarizada con la Biblia también reconocerá que una declaración así siempre debe ser contextualizada un poquito, colocada en su entorno; dónde, cuándo y en qué condiciones fue dicha.
“La Biblia dice que la tierra languidece bajo los pecados de los seres humanos. Esto significa que la conducta de los habitantes humanos de la tierra tiene un impacto sobre la salud de esta última. Esto también se puede encontrar en las Escrituras. Si vamos al origen, cuando Dios introdujo la primera pareja humana en el jardín que había preparado, les pidió que cultivaran la tierra y la cuidaran. Esa es la corriente básica de nuestra relación con el mundo en el que vivimos. Es nuestro hogar. Nos fue dado como un jardín. Y la tarea y la responsabilidad de todos nosotros consisten en mantenerlo como un jardín y no heredarlo a las generaciones posteriores como un desierto. No sería justo, no sería justo”.
—Gran parte de la encíclica habla de la ética económica y de un sistema económico que fomenta una conducta no ética, la cual conduce a la desigualdad y a la destrucción del ambiente. ¿El capitalismo es una buena idea?
—Esta no es la primera vez en que una encíclica habla de un sistema económico que no promueve el bienestar de todo el mundo en una forma igualitaria y sostenible. Pero no lo identifica ni le da el nombre de capitalismo. Supongo que eso es intencional. La afirmación básica es que la economía… debe tratar de promover la prosperidad de todos en una forma igualitaria, si es posible… El Papa no es el único que lo ha observado. En la reunión de Davos en enero pasado, Oxfam también observó que esto empeoraba, con unas cuantas personas volviéndose cada vez más ricas y la mayor parte de la población humana volviéndose cada vez más pobre. Este es el tipo de cosas que el santo padre está observando y por las que nos invita a cambiar de marcha. Cambiar de paradigma para que los recursos del mundo puedan ser realmente disfrutados en cierto modo por toda la humanidad.
—¿En qué medida participó el papa Francisco en la redacción de esta encíclica, y hay algo que a usted le gustaría quitar o añadir en un futuro documento?
—Lo que cualquiera de nosotros haya hecho para preparar este documento no importa. Lo que tenemos es la encíclica del santo padre. Y cualquier material que haya utilizado, y cualquier cosa que haya desechado, ha dejado de importarnos a todos nosotros.
—Más adelante en este año, Naciones Unidas será sede de COP21, una cumbre clave sobre el cambio climático, en París. ¿Qué partes de esta encíclica pueden o deben aplicarse en estas conversaciones en NU?
—Existen ciertos conceptos en Laudato Sique pueden acompañarlos mientras van a París. Por ejemplo, el sentido del cuidado. Es interesante que yo utilice la palabra cuidado. No hablo de administración ni de custodia ni de ninguna otra cosa, que solía ser la forma en la que hablábamos en el pasado de nuestra relación con el mundo. En esta encíclica concreta, el santo padre usa la palabra administración o custodia únicamente dos veces. Todo es sobre el cuidado. Así que es algo que se relaciona más con la pasión, con el interés, con la participación, con el compromiso.
“Lo segundo es que cualesquiera que sean las decisiones tomadas, estas pueden ser guiadas por las consideraciones éticas y por la sabiduría de las tradiciones religiosas. Estas también pueden ayudar a promover, motivar e inspirar a las personas a hacer algo para mejorar el medioambiente mundial en el que vivimos nuestras vidas. Se requieren consideraciones éticas serias. Por ejemplo, si algo es posible de realizar, y tenemos los medios para hacerlo, también debemos tener el corazón para llevarlo a cabo.
“Se ha dicho mucho que el mundo tiene todos los medios y los recursos para alimentar a todas las personas. Entonces, ¿por qué no se hace? El mundo tiene los medios para detener todas las guerras. ¿Por qué no se hace? El mundo tiene los medios para detener todo el tráfico de armas. ¿Por qué no se hace? Así que sabemos qué es lo que puede hacerse para lograr que el mundo sea un mejor lugar. Pero la fuerza de voluntad no está ahí. Hay un déficit ético.
“Eso es lo que Laudato Si aporta a esa discusión. No es simplemente una consideración tecnológica. Es una consideración tecnológica guiada por una consideración ética seria”.
Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek.