Ejército y Marina estuvieron activos durante desaparición de normalistas

El 27 de septiembre, elementos del
Ejército y de la Armada de México recibieron la orden de investigar el paradero
de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa que habían desaparecido horas
antes, en la ciudad de Iguala, Guerrero.

De acuerdo con tarjetas informativas
conjuntas de la Secretaría de Gobernación y del Consejo Nacional de Seguridad y
Policía Federal, que forman parte del expediente que integró la Procuraduría
General de la República (PGR) sobre el caso Ayotzinapa, información que La Jornada dio a conocer en su versión
pública, los militares participaron en la búsqueda de los estudiantes por
órdenes directas de sus respectivos mandos.

El delegado de la PGR en Chilpancigo,
cuyo nombre aparece tachado en el expediente, confirmó en su declaración
ministerial que, como parte de las acciones para combatir la delincuencia, la
ciudad de Iguala ya se había sectorizado en ocho partes, en las que tenían
presencia soldados y marinos.

Con base en esa división, indicó el
funcionario en su declaración, soldados y marinos implementaron el patrullaje y
vigilancia en el lugar: los militares se hicieron cargo de seis sectores y los
marinos de dos.

En su testimonio, el funcionario señala
que los militares también participaron desde la madrugada del 27 de septiembre
en la vigilancia de las entradas y salidas de Iguala.

Además, en el expediente se encuentran
las declaraciones ministeriales que realizaron todos los integrantes del 27
batallón de infantería con sede en Iguala al personal de la Subprocuraduría
Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (Seido), el 3 de
diciembre de 2014, entre las 8 y las 22 horas.

Los nombres de los militares fueron
borrados, así como los datos personales que pudieran llevar a su
identificación; sin embargo, el Ministerio Público federal permitió, con base
en la Ley de Transparencia, que se puedan conocer sus testimonios sobre lo
ocurrido durante la desaparición de los normalistas entre el 26 y el 27 de
septiembre de 2014.

Las declaraciones de mandos y tropa
corresponden a los 14 elementos que esa noche, a bordo de dos unidades,
recorrieron varios puntos de Iguala, entre ellos el sitio donde se volcó un
camión de carga, el cual fue levantado por cinco grúas; su llegada al lugar en
el cual fueron atacados los integrantes del equipo de futbol Avispones; su
ingreso al hospital Cristina, así como su arribo adonde dos de los normalistas
quedaron sin vida.

El primer testimonio se refiere a un
militar que regularmente realiza labores de albañilería y vigilancia en sus
turnos, con más de 10 años en las fuerzas armadas y que esa noche fue
despertado para que acompañara a otros 13 militares a realizar patrullajes a la
ciudad de Iguala.

El soldado señaló que su labor en cada
punto fue brindar seguridad perimetral a sus compañeros y conducir a momentos
una de las unidades en los puntos que recorrieron.

El segundo militar afirmó que a las 22
horas su comandante le dijo que se alistara, porque lo que pasa es que un grupo
de manifestantes en la parte del centro están siendo agredidos y hay otra
agresión. De acuerdo con los datos, el militar se refería al primer ataque que
policías de Iguala e integrantes de Guerreros unidos realizaron contra los
normalistas cerca del Palacio de Justicia.

Luego, señaló que recorrieron el hospital
Cristina y que regresaron como a las seis de la mañana al 27 batallón de
infantería, porque durante varias horas dieron protección perimetral a la zona
del Periférico en la cual los estudiantes fueron agredidos y dos de ellos
abatidos.

MILITARES
ACTIVOS TODA LA NOCHE

Por su parte, la periodista Anabel Hernández publicó en la revista Proceso una
entrevista con Ulises Bernabé García, quien era juez de barandilla de la
Policía Municipal de Iguala, Guerrero, la noche del 26 de septiembre de 2014
–cuando se perpetró la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela
Normal Rural de Ayotzinapa, quien revela lo que pasó esa noche.

Su testimonio y documentos obtenidos para
esta investigación revelan que la peor parte de los ataques contra los
normalistas ocurrió cuando la Fiscalía General del Estado de Guerrero (FGE), el
27 Batallón de Infantería y la Policía Federal estaban operando en las calles
de Iguala.

Una de las partes principales de la versión
oficial es que, a las 11:30 de aquella noche, policías de Iguala se llevaron a
estudiantes de la calle Juan Álvarez –donde ocurrió una de las agresiones
contra los normalistas– a la base de la policía municipal. En una versión, la PGR asienta que fueron
los 43 y, en otra, que sólo 10 o 15. De ahí, en dos patrullas de la Policía
Municipal de Cocula se los llevaron al paraje Loma de los Coyotes, donde los
entregaron al grupo criminal Guerreros Unidos, que supuestamente los asesinó y
quemó a la media noche de ese día en un basurero.

En contraste, García afirma que, en las
horas que la Procuraduría General de la República (PGR) dice que los
estudiantes fueron llevados a la base, un militar conocido como el “Capitán
Crespo”, del 27 Batallón de Infantería de Iguala, al mando de un grupo de 12
soldados uniformados y armados realizó una minuciosa inspección en toda la
comandancia por más de 15 minutos. Poco después, señala García, llegó al mismo
sitio el subprocurador de Guerrero, Víctor León Maldonado, y tomó control de la
base por el resto de la noche y hasta las 8 de la mañana del día siguiente.

Ahora se sabe que el nombre completo del
“Capitán Crespo” es José Martínez Crespo, y es el mismo militar que fue al
Hospital Cristina a amenazar a estudiantes sobrevivientes. El capitán y sus
subordinados estuvieron activos toda la noche y hasta el amanecer en las calles
de Iguala.

EL
26 DE SEPTIEMBRE

García expresa que el 26 de septiembre
sólo hubo seis detenidos, de entre 30 y 35 años de edad, por beber en la vía
pública. El último llegó como a las 21:30.

Su versión fue contrastada con las
declaraciones ministeriales rendidas por policías municipales el 27 de
septiembre, quienes informaron de la detención de seis personas –una en la
calle Nayarit, cerca de la panadería Elvia, y cinco en un puesto de revisión
policiaco en la carretera Iguala-Chilpancingo– porque iban manejando ebrias.

Los normalistas, en tanto, salieron de
Ayotzinapa a las 17:59 horas y a las 20:00 horas llegaron en un camión a una
caseta de cobro en las inmediaciones de Iguala, donde ya eran vigilados por
policías estatales y federales. Otro camión se quedó en la autopista
Chilpancingo-Iguala.

El primer ataque comenzó a las 21:40
horas, luego de que los normalistas tomaran otros tres autobuses de la central
de camiones. La segunda agresión fue entre las 22:00 y las 23:00 horas, cuando
tres de los camiones en que viajaban fueron cercados por policías en la calle
Juan Álvarez, casi esquina con Periférico. A las 23:00 horas los agentes se
retiraron y los sobrevivientes llamaron a la prensa y a compañeros.

García dice que él nunca se enteró del
ataque porque no tenía ningún equipo policiaco: sólo era personal
administrativo. Alrededor de las 23:30 horas, el policía responsable de la
puerta de entrada de la comandancia le avisó que un militar quería verlo.

EL
EJÉRCITO EN LA COMANDANCIA

El militar –que se presentó como “El
capitán Crespo”– entró acompañado de cinco soldados, con el pretexto de buscar
una motocicleta blanca. Inspeccionó cada rincón de la comandancia: celdas,
baños y todas las oficinas. Todavía estaban ahí los seis hombres detenidos,
pero ningún estudiante.

“Era la primera vez que lo veía y hasta
se me hizo sospechoso porque me dio una palmada en la espalda. Me habló muy
como si nos conociéramos”, comenta García. “Le di toda la libertad: ‘Puedes
revisar la comandancia’”. La inspección duró cerca de 15 minutos y la unidad
castrense se retiró.

Luego de las 23:00 horas, estudiantes
sobrevivientes ofrecieron una conferencia de prensa en la esquina de Juan
Álvarez y Periférico. Aproximadamente a esa hora, un camión en el que viajaban
jugadores del equipo de futbol Avispones –que se piensa que fueron confundidos
con normalistas– fue baleado en la carretera federal Iguala-Chilpancingo. Tres
personas murieron y hubo varios heridos.

Hubo un ataque más: alrededor de
medianoche, un comando disparó contra los estudiantes y los periodistas
reunidos en Juan Álvarez. Fueron asesinados Daniel Solís y Julio César Ramírez.
En una reconstrucción realizada por los alumnos y sus abogados a principios de
este año, cayeron en cuenta de que algunos de sus compañeros desaparecidos
fueron capturados mientras huían de esa última agresión.

Según la declaración ministerial del
estudiante Francisco Trinidad Chalma, aproximadamente a la media noche varios
normalistas se refugiaron en el Hospital Cristina, ubicado a unos metros de la
balacera, a donde llevaron a un compañero con una herida de bala en la cara.
Ahí llegó el ejército:

“El que iba a cargo de esas unidades preguntó
si éramos los ‘ayotzinapos’. Le pedimos ayuda para nuestro compañero que se
estaba desangrando y nos dijo que ‘tuviéramos huevos para enfrentarlo como así
hacíamos nuestro desmadre’. Cateó toda la clínica (…) buscaban armas pero
nosotros no íbamos armados.”

El estudiante Omar García señaló: “El
ejército llegó rápidamente, entró, cortaron cartucho. (…) Nos acusó de que
estábamos allanando morada, (…) que nos iban a llevar a todos, pues éramos
delincuentes”. Les tomaron fotos y les pidieron su nombre real porque si no,
“no los iban a encontrar”.

LA
FISCALÍA TOMÓ EL CONTROL

Tras la visita del ejército, a la base de
la policía igualteca llegó el titular de Seguridad Pública municipal, Felipe
Flores, con el subprocurador de Guerrero, Víctor León Maldonado. Ellos vieron
quiénes estaban detenidos y concentraron al personal. Les informaron que había
ocurrido un ataque contra los normalistas y pidieron a los policías sus armas
para hacerles peritajes.

El subprocurador se fue, pero la base
quedó bajo el control de la Policía Ministerial de Guerrero. En ese momento
arribaron familiares de los borrachos detenidos, pagaron su multa y se fueron.
El último partió como a las 02:20 horas del día 27. “Me dieron los nombres y
liquidaron su multa, la mínima”, explica el exjuez de barandilla García.

La mañana del 27 de septiembre todos los
miembros de la Policía Municipal fueron concentrados en el cuartel de la
Policía Estatal. “A mí me pasan con el subprocurador y me dice: ‘¿Dónde están
los estudiantes?’, ‘¿Cuáles estudiantes? Yo no sé de qué me habla’”, relata
García.

León Maldonado le dijo que había habido
estudiantes en la base y él le contestó que eso no fue así. García quiso
testificar pero no le tomaron su declaración, pero como tampoco lo detuvieron
se fue a su casa.

LA PERSECUCIÓN

“Yo no puedo inventar algo que no pasó”,
asevera García. “Otra: ¿en qué momento pudieron haber llegado (estudiantes) si
el ejército llegó a las 11:30 de la noche a revisarme el área? No encontró
nada. Llegaron ellos (los de la Fiscalía). Me dejaron al ministerio público, al
policía, al encargado de la ministerial, al perito. Si hubieran llegado
estudiantes ellos se habrían dado cuenta”.

La PGR lo citó a declarar el 21 de
noviembre. Relató todo y presentó las copias de las boletas de entrada y salida
de los seis ebrios detenidos. La PGR no lo aprehendió, pero luego el ejército
comenzó a buscarlo.

“A mí me duele ver también que los
señores (padres de familia) anden buscando a sus hijos desesperados. Pero me
duele más ver que me estén culpando sin que yo tenga nada que ver, mientras que
los que a lo mejor sí tienen responsabilidad andan sueltos en la calle.”

MILITARES
MONITOREARON DURANTE 15 HORAS A LOS NORMALISTAS

De acuerdo con El Universal, los militares monitorearon durante cerca de 15 horas
los movimientos de los normalistas la trágica noche del ataque.

La guardia fue desde las 19:40 horas del
26 de septiembre, cuando los estudiantes de Ayotzinapa llegaron a la altura del
kilómetro 127 de la carretera Iguala-Chilpancingo, hasta las 10:25 horas del
27, cuando se supo, a través del C-4 (Centro de Control, Comando,
Comunicaciones y Cómputo), que una persona estaba desollada.

Después se sabría que esa persona era
Julio César Mondragón, quien tenía apenas un mes de haber ingresado a la Normal
Rural Raúl Isidro Burgos.

Como “urgente” se avisó de
normalistas

El mencionado rotativo destaca que dicha
información se desprende de la versión pública de los partes militares que
elaboraron los elementos del 27 Batallón de Infantería con sede en Iguala,
Guerrero, y que fueron desclasificados por la Secretaría de la Defensa Nacional
(Sedena) tras la solicitud de información número 0000700221214, hecha por ese
medio.

Según los partes de novedades del día 26,
a las 17:40 horas el capitán Segundo de Infantería acudió al informe de labores
de la presidenta del DIF municipal, María de los Ángeles Pineda Villa, de la
cual se testó su nombre. El mando regresó a las 18:15 horas.

Con la leyenda “urgente” se avisó a la 35
Zona Militar de Chilpancingo sobre los normalistas.

A las 19:40 horas, unos 40 estudiantes
llegaron al kilómetro 127 en un autobús de la empresa Estrella de Oro.

Ahí se reportó: “Se encuentran de forma
pacífica, sin realizar ninguna actividad”.

A las 21:20 horas, los ubicaban en la
central de autobuses Estrella Blanca, donde tomaron una unidad de la empresa
Futura, número 2513, y después se apoderaron de otras dos más para partir rumbo
al centro de la ciudad.

En el documento del Ejército se expone:
“Por tal motivo, elementos de la Policía Municipal los siguieron con la
finalidad de evitar que se llevaran los mencionados autobuses, y en la
intersección de las calles Hermenegildo Galeana con Melchor Ocampo los
normalistas descendieron de los mismos y agredieron con piedras a los elementos
policiacos, por lo que éstos respondieron a la agresión efectuando detonaciones
de arma de fuego”.

En la nota firmada por Zorayda Gallegos y
Silber Meza se indica que de acuerdo con el parte informativo, a las 22:00
horas, un militar se comunicó con José Adame Bautista, coordinador operativo de
la Policía Estatal en la zona norte y éste le mencionó que su personal no
asistiría a prestar apoyo a menos de que hubiera órdenes de sus superiores.

A las 22:15 horas, habló con Felipe
Flores, secretario de Seguridad Pública de Iguala, quien dijo con una “actitud
de reserva y tratando de minimizar los hechos”, que no tenían ningún autobús
detenido y que no se habían suscitado disparos.

UN
TENIENTE RECABÓ INFORMACIÓN

El parte militar señala que a las 23:20,
un teniente de Infantería, junto con otros elementos, se dirigió al Hospital
General de Iguala para recabar información. En el reporte que emitió a su
regreso indicó que tres personas, al parecer estudiantes, ingresaron al lugar
con heridas de arma de fuego.

El 27 de septiembre, a las 00:30 horas,
personal de la Fuerza de Reacción, al mando de José Martínez Crespo, capitán
Segundo de Infantería adscrito al 27 Batallón, salió con la finalidad de
realizar patrullajes en la ciudad.

Luego de los recorridos, se reportó que
en el cruce de la calle Juan N. Álvarez y Periférico Norte se localizaron dos
cuerpos sin vida, al parecer de normalistas.

En tanto, en el hospital Cristina fueron
localizadas 25 personas, una de ellas herida en el labio superior, quienes les
dijeron a los militares que eran estudiantes de la Normal de Ayotzinapa y que
habían sido agredidos con armas cuando se transportaban en dos autobuses.

En el hospital Cristina agradecieron al
capitán Martínez Crespo el apoyo brindado: “Manifestando que no deseaban
permanecer más en ese lugar, que se retirarían y que ellos por sus propios
medios le brindarían la atención médica a su compañero herido”.

A las 10:25 del 27, en el C-4 de Iguala
se recibió una llamada, en la que se reportaba el hallazgo de un cuerpo en la
colonia Industrial.

Momentos después se supo que era uno de
los normalistas agredido horas antes.
(Con información de La Jornada, Proceso y El Universal)

http://nwnoticias.com/#!/noticias/ejercito-mexicano-cuestionado-en-desaparicion-de-estudiantes-de-ayotzinapa