Las muchas muertes del ulema Omar

Justo antes del Ramadán de este año, recibí una llamada
inesperada de uno de los más antiguos amigos de la familia del ulema Mohammed
Omar. Acababa de enterarse de un secreto conocido sólo por un pequeño círculo
de los asociados en los que Omar más confiaba: el jefe supremo del Talibán
afgano estaba muerto.

Omar era uno de los hombres más buscados del mundo, con una
recompensa de 10 millones de dólares por su cabeza, y los rumores de su muerte
habían circulado desde que se esfumó a finales de 2001. En el último
avistamiento comprobable, iba en la parte de atrás de una motoneta Honda,
dirigiéndose hacia las montañas en las afueras de Kandahar, mientras los
combatientes de la Alianza del Norte, apoyados por Estados Unidos, se acercaban
a la ciudad. Pero la información que tenía mi interlocutor era de otro tipo:
sus afirmaciones eran muy detalladas, y él estaba en una posición
extraordinariamente buena para conocer los hechos. Pidió que su nombre no fuera
mencionado debido a lo delicado del tema, pero él y su familia son muy
respetados por realizar, desde hace mucho tiempo, labores humanitarias entre la
comunidad de exiliados afganos de Pakistán.

Omar murió en Afganistán, señaló mi contacto. Con frecuencia,
las personas han supuesto que el líder del Talibán huyó cruzando la frontera
hacia Pakistán, como la mayoría de sus seguidores sobrevivientes, pero en
realidad se negó a abandonar su país natal. Si usted está dispuesto a confiar
en los paquistaníes, bien podría trasladarse a Estados Unidos, le respondió a
alguien que le sugirió el traslado.

En lugar de ello, modificó su apariencia distintiva lo mejor
que pudo y trató de mezclarse entre sus compatriotas. (Le resultó útil no haber
permitido nunca que le tomaran fotografías.) Después de que el Talibán se
reagrupó como un movimiento insurgente a comienzos de la década de 2000, él
empezó a comunicarse con los líderes a través de un correo personal dedicado.
Omar reunió a algunos aliados leales e incluso los dirigió en incursiones
ocasionales contra las fuerzas de ocupación, señaló el amigo de familia. Fue
herido levemente un par de veces, pero nunca resultó gravemente lastimado.

¿Qué fue lo que mató a Omar? Algunas personas han sugerido un
ataque cardíaco, pero de acuerdo con mi interlocutor, estaba muy lejos de
cualquier médico que pudiera haberle dado un diagnóstico correcto cuando murió
en enero de 2013. Sin embargo, la teoría parece plausible; Omar habría tenido
unos 60 años, aunque su fecha de nacimiento nunca fue revelada públicamente, y
es posible que ni él mismo la supiera. Los antiguos amigos de la familia han
dicho que nació en una zona lateral del camino, en algún lugar entre la
provincia de Uruzgan y Kandahar, donde sus padres desesperadamente pobres
estaban en camino con la esperanza de encontrar un trabajo. Su madre montaba un
burro. Cuando entró en el trabajo de parto, desmontó; después de parir, trepó a
la parte posterior del animal, acunando a su bebé, y continuó su viaje. Sus
padres dudaban que sobreviviera.

Décadas después, cuando definitivamente llegó el fin, Omar se
refugiaba del invierno entre las desoladas montañas del distrito de Now Zad en
la provincia de Helmand, en un área de pequeños pueblos conocidos
colectivamente como Taizeini.
Pocos mapas muestran el sitio, que está a unos 160 km al noreste de
Kandahar. Un buen amigo, el ulema Abdul Jabar, estuvo a su lado hasta el final,
de acuerdo con mi fuente. Jabar, que no pudo ser contactado para emitir algún
comentario, se había desempeñado como Gobernador de la provincia central de
Baghlan durante los años del reinado del Talibán. De acuerdo con uno de los
familiares de Jabar, nunca volvió a casa después de la caída del régimen. En
lugar de ello, acompañó fielmente a Omar como su mensajero y encargado. El
amigo de la familia dijo que Jabar era único enlace del líder del talibán con
el Quetta Shura, el consejo dirigente del grupo.

Omar le dijo a Jabar qué hacer en caso de su muerte o captura:
avisarle al ulema Jeque Abdul Hakim. El erudito religioso, antiguo amigo y
consejero de Omar, vive en Quetta, la ciudad del suroeste de Pakistán donde
reside la mayoría de los líderes del Talibán. Hakim y Jabar transmitieron
rápidamente la noticia de la muerte de Omar a tres importantes figuras del
Talibán. Una de ellas era el ulema Akhtar Mansoor, dirigente del Quetta Shura.
Otra era el ulema Qayyum Zakir, que en ese momento era el director del Consejo
militar del Talibán. El tercero era otro erudito religioso y antiguo amigo de
Omar, el ulema Abdul Salam, que vive y predica en la ciudad de Kuchlak, a pocos
kilómetros de Quetta. (Ninguno de ellos pudo ser contactado para hacer algún
comentario.)

Mi fuente dijo que sólo sabe de otra persona que podría haberse
enterado de la muerte de Omar. El ulema Gul Agha Akhund, otro miembro del
Quetta Shura, había peleado al lado de Omar contra la ocupación soviética en la
década de 1980. En los últimos años, ha sido descrito por muchas personas como
el único miembro de la dirigencia que mantenía una comunicación periódica con
Omar, y ni siquiera él pudo hablar directamente alguna vez con su antiguo
camarada. (Newsweek no pudo ponerse en contacto con él para que realizara algún
comentario.) La mayor parte de la familia de Omar, puesta bajo la protección de
Pakistán en Karachi y Peshawar, nunca pudo hablar con el líder del Talibán, por
temor a que Estados Unidos pudiera enterarse y rastrearlo de algún modo a
través de ellos. El secreto era esencial.

Una semana después de que Jabar llevó la noticia a Quetta, los
jefes del Consejo Mansoor y Zakir sostuvieron una reunión privada con los dos
eruditos religiosos. El amigo de la familia dijo que los ulemas Salam y Hakim
entregaron formalmente el turbante de Omar a Mansoor, nombrándolo como sucesor
de Omar como Amir ul-Momineen, o Comandante de los Seguidores más Fieles. Según
informaciones, Sheikh Hakim le dijo: “Usted es ahora nuestro líder. Debe
seguir el camino emprendido por el ulema Omar.”

Mi interlocutor dijo que Zakir quería anunciar de inmediato la
muerte de Omar, pero los otros lo convencieron de mantenerla en secreto. La
guerra estaba en una coyuntura crítica: el presidente estadounidense Barack
Obama acababa de anunciar planes para empezar una reducción de las fuerzas de
combate estadounidenses en Afganistán. Pero mientras que el Talibán esperaba
una retirada, la muerte de Omar produjo enormes problemas para Mansoor. Lo
único que mantuvo unido al Talibán fue la total devoción de los combatientes
hacia su fundador y líder espiritual. El Quetta Shura llegó a prohibir
cualesquier preguntas sobre el destino de Omar. Los infractores serían enviados
a un tribunal del Talibán.

Mientras tanto, el emir sustituto se encargó de reducir paulatinamente
la rígida maquinaria de guerra del Talibán. Muchos de sus combatientes no
tenían recuerdos de un mundo sin el ulema Omar, y ni hablar de algún recuerdo
sobre un Afganistán en paz. Mansoor tuvo que darles tiempo para adaptarse. En
junio de 2013, menos de seis meses después de supuestamente haber recibido el
turbante de Omar, el Talibán abrió por fin su esperada oficina política en
Qatar e inició conversaciones con los estadounidenses. Dichas conversaciones se
suspendieron casi inmediatamente.

Aunque el jefe militar mantuvo la boca cerrada, en realidad
estaba perturbado por la muerte de Omar, señaló mi fuente. En abril de 2014,
Zakir renunció a su puesto, alegando mala salud y trabajo excesivo. En ese
momento, funcionarios del Talibán me dijeron que el célebremente belicoso líder
militar y Mansoor habían estado discutiendo durante meses sobre el deseo del
líder del Consejo gobernante de lograr la paz. Pero el amigo de la familia de
Omar dijo que Zakir simplemente estaba demasiado deprimido para continuar. Dijo
que ya no deseaba ocupar ningún puesto oficial en el organismo dirigente:
“Sin el ulema Omar, odio todo.”

Cuando mi interlocutor colgó, empecé a telefonear y a enviar
mensajes de correo electrónico para verificar la historia. Los preparativos para
los tradicionales festejos del final del Ramadán hicieron que muchas de mis
mejores fuentes del Talibán fueran difíciles de contactar, pero continué
intentándolo. Coincidentemente o no, el amigo de la familia se había puesto en
contacto conmigo el 15 de julio, el mismo día en que el Talibán decidió
publicar el saludo Eid al-Fitr de este año para los seguidores más fieles.
Estaba firmado por el ulema Omar, como lo ha sido cada año. Algunos de mis
contactos del Talibán insistieron en que Omar no estaba muerto y que pronto lo
demostrarían públicamente. Otros dijeron no saber. Pero nadie se molestó en
fingir que el mensaje demostraba que Omar estaba vivo. Durante años, sus
seguidores han reconocido silenciosamente que sus declaraciones firmadas son
demasiado brillantes para haber sido escritas por el inarticulado y casi
analfabeto fundador del Talibán.

Por ello, me resultaba imposible confirmar que Omar estaba
muerto. Incluso antes de que el Quetta Shura impusiera su prohibición a las
preguntas sobre su salud, este era un tema peligroso entre el Talibán. “Se
produce un tufillo de deslealtad si alguien pregunta por su estado de salud o
lo que ha estado haciendo”, me dijo un comandante de la red de Haqqani. Un
ex combatiente del Talibán dijo, “No necesitamos ponerlo en peligro
pidiendo una prueba definitiva de que está vivo.”

Un segundo informe de la muerte de Omar llegó a la Internet una
semana después de que recibí esa llamada del amigo de la familia. Dicho informe
provenía de una fuente no tan favorable para los líderes del Talibán: una
facción escindida, diminuta pero sanguinaria, que usa el nombre de Fidai Mahaz,
o el Frente Suicida. El grupo abandonó al Talibán convencional en 2013, en
rebelión abierta contra la voluntad de Mansoor de participar en las conversaciones
de paz.

El 22 de julio, el sitio web del grupo publicó una acusación
sensacionalista de que Omar había sido “martirizado” por sus antiguos
socios Akhtar Mansoor y Gul Agha. De acuerdo con Fidai Mahaz, la muerte de Omar
fue resultado de una violenta disputa que ambos tenían con Omar, quien se opuso
a la reciente apertura de las conversaciones con los estadounidenses en Qatar.
Como si eso no fuera suficientemente terrible, Fidai Mahaz afirmó que el
supuesto homicidio había ocurrido en julio de 2013, durante el mes sagrado de
Ramadán. El grupo dijo que el sepelio tuvo lugar en la provincia de Zabul. Ya
presentarían pruebas, prometió el grupo. Después de que dicha afirmación fue
publicada, me puse en contacto con el ulema Najibullah, el líder de Fidai
Mahaz. Sólo me dijo que se darían a conocer detalles adicionales cuando llegara
el momento oportuno.

La acusación del grupo resonó en Twitter, Facebook y otras
redes sociales durante toda una semana. Entonces, el miércoles 29 de julio, la
oficina de inteligencia de Afganistán hizo una declaración. Abdul Haseeb
Sidiqi, portavoz de la Directiva Nacional de Seguridad de ese país, declaró
ante reporteros de muchos organismos noticiosos que Omar estaba definitivamente
muerto. El líder del Talibán “murió de manera sospechosa en un hospital en
Karachi cerca de abril de 2013”, declaró Sediqi al Wall Street Journal.
Otro funcionario de inteligencia afgano dijo al New York Times que Omar había
estado “sufriendo de una enfermedad.” Añadió: “No sabemos dónde
fue enterrado ni si tuvo un funeral.”

El amigo de familia de Omar sostiene su propia versión. El
ulema murió en enero de 2013 en la provincia de Helmand, dice. Su entierro tuvo
lugar en el mismo pueblo donde su vida terminó, en el distrito de Now Zad. Sólo
tres o cuatro personas asistieron a los ritos funerarios. Fue la única manera
de mantener su muerte en secreto.

El 30 de julio, el Talibán anunció el fallecimiento de Omar, y
al día siguiente, el Consejo gobernante nombró a Mansoor como su sucesor. El
grupo no dio ninguna fecha o causa de la muerte del emir, más allá de decir que
fue “debido a la enfermedad que sufría”, pero insistió en que nunca
dejó la tierra afgana.

Mientras tanto, las conversaciones de paz han sido suspendidas
indefinidamente mientras los talibanes de línea dura luchan por destituir a
Mansoor. El resultado podría depender de quién pueda obtener el apoyo del ulema
Yaqub, el hijo mayor de Omar, quien no ha hecho ningún comentario público. ¿Los
jihadistas de línea dura del llamado Estado Islámico obtendrán una ola de
nuevos reclutas afganos? ¿El gobierno de Kabul puede evitar la formación de
facciones y la guerra civil, como ocurrió a comienzos de la década de 1980
después de la retirada soviética?

Basta con que ello nos haga extrañar aquellos tiempos más
simples, donde la gran pregunta era simplemente, “¿Dónde está el ulema Omar?”