Destrozados, miembro a miembro

En una cama del hospital amonita Al Maqased, rodeado por su
madre, hermano y trabajadores médicos, el joven Fawzi (14 años) yace
incorporado sobre una almohada estampada con el Hombre Araña. Saca
distraídamente el relleno de una pelota de peluche. Es evidente que está
nervioso.

En marzo, el adolescente de grandes ojos marrones y revuelto
cabello castaño se encontraba en el techo de la casa de su tío cuando un avión
soltó una bomba en las inmediaciones. La explosión fracturó su pierna y cadera
izquierdas. También expulsó sus intestinos fuera del cuerpo, donde
permanecieron hasta que lo sometieron a una cirugía de emergencia en Siria,
tras la cual cerraron su vientre con grapas. Más tarde, lo enviaron a Jordania
y el día que Newsweek lo entrevistó, habrían de retirarlas.

“Así es la vida de los niños de Siria”, dice la madre, Fátima,
quien vive con Fawzi en el hospital. “Siempre sometidos a dolor y cirugías”.

La guerra civil siria entra ya en su quinto año, habiendo
cobrado las vidas de, al menos, 230, 000 personas y desplazado a más de 4
millones. La expectativa de vida de los sirios se ha desplomado más de 20 años
y según cálculos, más de un millón han resultado lesionados. Alrededor de
80,000 necesitan prótesis para reemplazar extremidades perdidas en el
conflicto; en comparación, según informes del gobierno de Estados Unidos, solo
1,573 soldados estadounidenses fueron amputados luego de prestar servicio en
las guerras de Irak y Afganistán, entre 2001 y 2014.

Jordania, nación de 6.5 millones, ha asimilado más de 628,000
refugiados sirios desde 2011, revela la Oficina del Alto Comisionado para
Refugiados de la ONU. Y el país empieza a sentir los cambios económicos y
sociales que ocasiona la crisis, dice Anne Garella, representante regional de
la misión para la respuesta de emergencia en Medio Oriente, en Handicap
International. En noviembre, el gobierno jordano interrumpió los servicios de
salud gratuitos para refugiados sirios que vivieran fuera de campamentos; y
pese a que no tienen derecho a trabajar, ahora deben costear sus servicios
médicos.

Una templada tarde de mayo, un fisioterapeuta y una trabajadora
social de Handicap International salieron realizar visitas domiciliarias a
lesionados y discapacitados sirios residentes de Sahab, barrio del sureste de
Amman. Uno de los pacientes es Jamal (45 años), padre de cuatro niños que
contactó a la organización para un esquema de rehabilitación de seis meses. El
motivo: las torturas del gobierno sirio le habían causado lesiones en la
columna vertebral, escoliosis y problemas de movilidad.

En octubre 2012, Jamal –ex vendedor de autos que viste un
conjunto deportivo negro y azul, y luce un grueso bigote negro– fue arrestado
en su casa por el Ejército sirio después de presenciar una manifestación
callejera contra el gobierno. Cuenta que, mientras lo detenían, sus captores lo
golpearon con la culata de sus armas, lo sometieron a abusos con agua y
electricidad, y lo colgaron de cabeza, todas ellas formas de tortura
documentadas por Human Rights Watch en Siria. Agrega que nunca dio motivos para
su arresto. Dice que, cuando fue liberado, había perdido toda sensibilidad.
“Pensé que iba a morir”, recuerda, rompiendo a llorar. Quiere ver crecer a sus
hijos y como muchos refugiados, anhela regresar a Siria.

Ya que es difícil acceder a las prótesis en Jordania, una
organización ha adoptado una estrategia tecnocéntrica. Refugee Open Ware (ROW),
startup con sede en Amman, está buscando la manera de ayudar a los refugiados
con software de fuentes abiertas, impresión 3D, robótica y tecnología
inalámbrica. Futuros proyectos ROW incluyen brazos mioeléctricos (prótesis
controlada con señales eléctricas generadas naturalmente por músculos del
paciente) para amputaciones completas de extremidades superiores, así como
prótesis transhumerales, para amputaciones que abarcan solo del hombro al codo.

“Es complejo tener los componentes electrónicos y pensar en
soluciones escalables, así que preferimos las cosas simples y fáciles de
fabricar”, explica Dave Levin, fundador y director ejecutivo de ROW. Y las
nuevas tecnologías lo harán posible. “La impresión y el escaneo 3D, así como la
fabricación digital serán el futuro de la industria prostética en los próximos
cinco o 10 años”, agrega. Los objetivos de ROW en Jordania van más allá de las
extremidades. El grupo aspira a construir tres laboratorios de fabricación
digital, incluido un proyecto de 1.5 millones en el campamento de refugiados
Zaatari el cual, según Levin, reducirá un poco la carga económica que imponen
los refugiados a Jordania.

Asem Hasna, voluntario de ROW, aprendió la impresión 3D en dos
semanas. Refugiado sirio y ex paramédico que perdió una pierna al estallar una
bomba en la campiña de las inmediaciones de Damasco, Hasna nos muestra un
pequeño componente de caucho llamado “bomba de talón”, que encaja en el talón
de su pie prostético. Nueva, suele costar 35 dólares y tiene una duración de seis
meses, pero Hasna pudo imprimir la suya por solo 1.41 dólares usando FilaFlex,
caucho utilizado en impresión 3D. “Esto es algo muy novedoso para los sirios,
la cantidad de amputados”, señala. “La aceptación será muy difícil hasta que
gente como yo disemine esta cultura”, y hasta que los amputados vean más
personas como él.

El campamento Azraq, en el corazón del desierto, a hora y media
al oriente de Amman, es hogar de 18,500 refugiados sirios que viven en filas de
refugios metálicos de color blanco. Oprimido bajo el implacable calor del sol,
el rocoso terreno del campamento es difícil de transitar en sillas de ruedas e
incluso a pie. Rajab (63 años) y su numerosa familia viven en un refugio a
orillas de Azraq. A resultas de un bombardeo, el hombre sufrió graves lesiones
en la rodilla derecha y fue necesario amputar su pierna izquierda por debajo de
la rodilla. Durante la visita de fisioterapia de Handicap International, sus
nietos trepan sobre él mientras usa una banda de resistencia para mover la pierna,
adelante y atrás, fortaleciendo los músculos.

Los fondos para las ONG regionales comienzan a agotarse, en
parte debido a la fatiga de los patrocinadores. Desde 2013, las donaciones del
departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea se
han desplomado un tercio, a pesar de que muchos sirios lesionados necesitan
tratamientos a largo plazo, informa Garella. ONU ha solicitado fondos por cerca
de 8 mil millones de dólares para hacer frente a la crisis de refugiados
durante 2015, mas tiene una brecha de financiación de 5.7 mil millones. La
respuesta regional del Programa Mundial de Alimentos tiene un déficit de fondos
de 81 por ciento. Y según António Guterres, alto comisionado ONU para
refugiados, la financiación es tan “peligrosamente baja… que estamos en riesgo
de ser incapaces de responder a las necesidades más básicas de millones de
personas en los próximos seis meses”.

Handicap International costeó el viaje y el hospedaje para la
realización de este reportaje. Los apellidos de algunos refugiados sirios
fueron omitidos para proteger la seguridad de los familiares que se encuentran
en Siria.