Corrales Vivar, cronista ultramontano

El arquitecto Luis Alberto Corrales Vivar-Cravioto, intitulado “cronista del centro histórico de la ciudad de Pachuca”, peca de falsa modestia y posee la virulenta soberbia, contagiosa entre los altos mandos, al afirmar que sólo él puede opinar sobre las obras que el empecinamiento gubernamental, en sus tres niveles, realiza en la Plaza Independencia.

Arrebujado con la designación de coordinador general del Comité Ciudadano de Seguimiento y Difusión para las Obras de Rehabilitación de la Plaza Independencia, Corrales Vivar (actualmente director de Publicaciones del gobierno del estado) juega el papel de juez y parte – cronista y funcionario enjuiciador –pues defiende obcecadamente la demolición de la pérgola Abundio Martínez.

Además miente al afirmar que las autoridades cuentan con los permisos para la construcción del Centro Cultural El Reloj. Según él, “las autoridades estatales y municipales han acatado las indicaciones del INAH e INBA”.

Hace a un lado al alcalde Eleazar García al hablar como vocero oficial, pues dice: “El permiso pendiente es el del proyecto de la planta alta (?), donde se encuentra la pérgola, pues en un principio Fonatur realizó un proyecto sin la pérgola y hoy en día se realiza otro que la toma en cuenta”.

El cronista, favorecedor de una causa ajena para gran parte de la colectividad pachuqueña, se mostró desafiante y soberbio en una entrevista publicada en un diario local: descalifica a representantes de diversos sectores de la sociedad que se oponen a las citadas obras, y se pregunta: “Quiero saber quién tiene publicados libros y estudios sobre el Reloj y (el) Centro Histórico de Pachuca”. Y afirma contundente: “Tengo derecho a opinar, pues he estudiado y publicado libros reconocidos en el ámbito internacional”.

(El derecho a opinar lo tenemos todos, pero no a imponer criterios a ultranza).

El arquitecto Corrales es autor del libro Iconografía del Monumento a la Independencia, con dos ediciones de lujo, la primera durante el gobierno del arquitecto Guillermo Rossell de la Lama (1981-1987), y la segunda en el presente régimen del licenciado José Francisco Olvera Ruiz. Esos ejemplares fueron obsequiados a funcionarios, políticos y amigos de Corrales, pero nunca puestos a la venta en librerías. Fueron y son de acceso restringido.

Nuestro personaje fue acreditado “cronista del centro histórico de la ciudad de Pachuca” por sus “cuates”, miembros de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística sección Hidalgo, de la que forman parte Juan Manuel Menes Llaguno, Raúl Arroyo y Luis Rublúo, entre otros, nombramiento gratuito, duplicado, puesto que la cronista de la ciudad de Pachuca, Sara Montes, fue investida, años antes, mediante decreto por la asamblea municipal.

Parte de la prosapia (?) intelectual de Corrales Vivar se remonta a su membresía en el Centro Hidalguense de Investigaciones Históricas, A.C. (Cehinac), creado por el sacerdote Héctor Samperio y el profesor Raúl Guerrero y Guerrero, además de una decena de entusiastas investigadores que durante algunos años publicaron diversas obras en las que pugnaban por la conservación de monumentos y sitios históricos.

Una prueba de fuego para esos descubridores del quehacer cultural viejo y nuevo de nuestros lares se presentó durante la administración de Rossell de la Lama en la que fueron demolidos varios edificios históricos de la ciudad: el primer palacio de gobierno situado en las calles de Venustiano Carranza—frente a Las Cajas–, la Inspección de Policía; el complejo habitacional denominado Colonia Americana, convertidos en predios baldíos con uso actual de estacionamientos para vehículos.

Varios inmuebles de innegable valor, las antiguas instalaciones de la hacienda de beneficio La Luz, donde funcionaba la Escuela Americana y las canchas del Centro Social Deportivo Pachuca, perteneciente a la Sección 1 del Sindicato Minero.

Otra agresión del gobierno de Rossell fue la cesión a la Compañía Real del Monte del palacio de gobierno de la Plaza Constitución, construido en l880 por la dinastía gobernante de los Cravioto, además de la residencia de la Escuela Normal Benito Juárez, de las calles de Mina, antiguas Cajas de San Rafael.

Esos atentados al patrimonio histórico de nuestra ciudad no fueron condenados por los miembros del Cehinac, la mayoría funcionarios del gobierno rosselista. Corrales Vivar era director general del Instituto de la Vivienda.

Años atrás, el arquitecto de marras, al iniciar sus pininos, destruyó la majestosa y amplia pérgola del jardín Constitución, levantada en 1926 por el gobierno de Matías Rodríguez, y la repuso tal cual la vemos hoy en día, semejante a una miniatura.

En sus declaraciones de prensa, al referirse a la pérgola Abundio Martínez, cuya demolición fue suspendida por órdenes del INBA, la memoria le falla a Corrales Vivar, al decir que “de acuerdo con el INBA, el kiosco no tiene valor arquitectónico ni connotación histórica, porque es reciente y copia de otra arquitectura, a la vez que cuenta con partes de cantera, yeso y pasta, realizadas hace poco más de 20 años”.

Para todos aquellos infectados de uno de los siete pecados capitales, de los cuales Corrales Vivar es temeroso como buen cristiano, pero no exento como lo muestra en sus afirmaciones, invocamos la máxima del catecismo del padre Jerónimo Ripalda—que copié del blog El Fusil del profesor Bonfilio Salazar –:

“Si el infierno quieres conocer

De la soberbia has de menester”.

La inocente polvorita/ Anselmo Estrada Alburquerque