La economía mexicana: sí pero no

En la jornada electoral reciente no le fue nada mal al partido en el gobierno: la participación ciudadana fue copiosa para una elección intermedia, votó el 47.72 por ciento del listado nominal; el voto nulo fracasó al ser menor que en las elecciones de 2009 y 2012; si bien dejará de gobernar en tres entidades federativas, comenzará a hacerlo en dos nuevas; y continuará con mayoría y gobernabilidad en la Cámara de Diputados. Es un buen balance para un gobierno que lucía sumamente vapuleado y que apostó su capital político en impulsar cambios estructurales de fuerte oposición y desgaste.

Visto así, ¿puede afirmarse que se trató de un referendo para el gobierno del presidente Peña Nieto? Creo que es difícil encuadrar el concepto de “voto de confianza”, pero lo que sí resulta indiscutible es que les funcionó la estrategia nacional de utilizar los beneficios esperados de las reformas como directriz para sus spots. El propio presidente y sus colaboradores cercanos han comentado que la economía fue una motivación para los electores, que el público reaccionó bien a los mensajes de pagar menos luz o acceder a tarifas de internet más baratas.

Reitero que, como estrategia electoral, tuvo un éxito innegable porque el gobierno cumplió sus objetivos, y de eso se trata la política, de lograr los proyectos. No obstante, y a pesar de la comunicación que difunde el secretario Luis Videgaray, me parece que la situación económica en México aún dista mucho de ser conveniente.

Durante la Reunión Anual de Consejeros de BBVA Bancomer, el titular de la SHCP comentó que México ha recibido un trato privilegiado de los mercados financieros internacionales, en comparación con otras economías emergentes y desarrolladas. El comentario es destacable, porque cuando los mercados tratan bien a un país, lo hacen porque perciben buenas señales políticas, financieras y sociales. Se trata de un aval al gobierno y a su conducción.

El doctor Videgaray provee algunas cifras; por ejemplo, señala que, en lo que va del sexenio, el peso mexicano sólo se ha depreciado en 21 por ciento, dato inferior al 47 por ciento que registra la moneda de Brasil, o al 51 por ciento que refleja la de Colombia. Igual resalta que las tasas de interés apenas han crecido en 0.88 por ciento, lo que contrasta con el encarecimiento de 3.28 por ciento que muestra el dinero brasileño, o el 2.93 por ciento que se observa en las tasas de Turquía.

Sin duda se trata de números halagadores en perspectiva comparada, y claro que debemos celebrar que el tipo de cambio no sea aún mayor, pues ya habrían colapsado las empresas que requieren de las importaciones para sostener su modelo de negocios. Igual debe alegrarnos que el costo del dinero no sea aún mayor, pues de encontrarse las tasas de interés más altas, las empresas ya habrían frenado sus proyectos de inversión y las familias habrían disminuido sus niveles de consumo. En un país como México, tener pesos y dólares caros al mismo tiempo, es sinónimo de grave crisis financiera. Así que dice bien el secretario: qué bueno que no estamos peor.

Ese es el punto: si la economía nacional no está peor o si hay otros países en inferiores circunstancias, no significa que a los mexicanos nos esté yendo bien. Los problemas estructurales de México son los mismos de hace dos y tres lustros, sólo que con mayor presión acumulada y menos tiempo restante para resolverlos. El crecimiento económico en 2015 apenas registra 2.5 por ciento al primer trimestre, un número tan mediocre como el de los últimos dieciocho años.

Es cierto que la mediocridad no se originó en este gobierno, es un problema endémico que venimos arrastrando. No digo que se haya manejado mal la economía en esta administración, pero tampoco que se haya hecho bien; simplemente, y en términos generales, han realizado lo mismo que los tres gobiernos anteriores: administrar el estatus quo.

Considero que para nada tenemos una economía exitosa ni tampoco un paquete de reformas que ya estén impactando positivamente en el bolsillo de las familias. Solamente estamos menos peor que muchos otros países. Y bueno, más allá de si eso constituye un vaso medio lleno o medio vacío, fue suficiente para ganar las elecciones.

Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado le corresponde a usted.