De acuerdo con información obtenida hace unos meses por el Pew Research Center, y dada a conocer en un estudio llamado El futuro de las religiones en el mundo: proyecciones 2010-2050, en 2010 había alrededor de 1600 millones de musulmanes sobre el planeta. Esto significa que, después del cristianismo (aproximadamente 2170 millones de fieles registrados en la misma fecha), el islam es la religión con más adeptos en el mundo. Y no sólo eso. Tomando en cuenta factores como la tasa de fertilidad, edad de la población, migraciones y tendencias de conversión, en treinta y cinco años la población mundial podría llegar a 9300 millones de habitantes, de los cuales 2760 millones podrían ser musulmanes, y 2920 millones, cristianos. El islam seguiría ocupando la segunda posición en cuanto a número de fieles, pero registraría un mayor aumento demográfico que el cristianismo.
Surgido en el siglo VII de la era cristiana, el islam es la religión monoteísta universal más joven que existe, y la que más ha crecido hasta hoy. Con más de 200 millones (equivalente a casi el 90 por ciento de su población), Indonesia despunta como el país con la mayor concentración de musulmanes, seguido de India, con aproximadamente 176 millones (nuevamente, los cálculos son del Pew Research Center). Entre los países occidentales con más adeptos destacan Francia, Estados Unidos, Alemania e Italia, aunque los distintos cálculos que se han hecho resultan muy divergentes, y dar cualquier cifra sería incurrir en el error. México, por su parte, aunque no tiene una comunidad musulmana que se pueda comparar en cantidad con la de estos países, sí cuenta entre sus habitantes con un grupo de practicantes de esta religión que podría sorprender a muchos. De acuerdo con el documento Panorama de las religiones en México 2010, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en ese año existían en nuestro país un total de 3760 musulmanes, concentrados en su mayoría en el Distrito Federal.
¿Qué significa ser musulmán y por qué, siendo la segunda religión con más fieles en el mundo, es también una de las que tienen más detractores? En árabe, la palabra “islam” significa sumisión, paz, obediencia… en un sentido religioso, los musulmanes lo entienden como “sumisión del hombre a la voluntad de Dios”. Quien acepta la soberanía de Dios (los musulmanes usan el vocablo árabe Allah, que significa “el Dios”) y se entrega por completo a su voluntad, reconociendo a Muhammad como su último profeta, es considerado musulmán. Cabe anotar que, aunque comúnmente se utiliza Mahoma como castellanización de Muhammad, para los musulmanes se trata de una traducción malintencionada, pues encuentran cierta connotación negativa.
Según está escrito, el islam nació como religión en La Meca, ciudad ubicada en lo que hoy es Arabia Saudita, cuando Muhammad fue dando a conocer una serie de mensajes recibidos por parte de Alá mediante el arcángel Gabriel (esto ocurrió entre el año 610 y el 632 después de Cristo, hasta la muerte de Muhammad). Hoy tales revelaciones están contenidas en el Corán, libro sagrado de los musulmanes, y son consideradas, en su conjunto, como las enseñanzas del islam.
¿Qué circunstancias influyen para que el islam sea percibido como una ideología beligerante, causante de guerras y genocidios? Quien lea el Corán encontrará entre sus enseñanzas no sólo los fundamentos del credo, la moralidad y el culto, sino los principios de cómo debe ser la relación con Alá y con el prójimo, así como las bases para edificar sistemas de justicia social, economía, política, legislación, jurisprudencia y hasta relaciones internacionales. El islam no solo toca el aspecto religioso y espiritual de las personas, sino el político y el social. Además de una religión, el islam es un sistema legislativo, un código de honor y una forma de vida.
Partiendo de lo anterior, es pertinente establecer una diferencia fundamental entre islam e islamismo —también llamado fundamentalismo o integrismo—, nombre que recibe la politización del islam, muchas veces tendiente al fanatismo y a la consecuente distorsión de sus principios. Por otro lado, siempre ha existido un debate entre Occidente y el universo musulmán: los países occidentales ven con recelo el fundamentalismo islámico, muchas veces derivado en organizaciones terroristas, pero al mismo tiempo añoran el petróleo que existe en el subsuelo de su territorio. Los musulmanes, por su parte, reclaman a Occidente que respalde a Israel y proteja a los regímenes corruptos y antidemocráticos que controlan el arco musulmán.
Sin duda, la violencia que se vive a diario en tierras árabes en nombre de Alá, y acontecimientos de gran impacto, atribuidos a organizaciones fundamentalistas musulmanas, como el ataque a las Torres Gemelas o, más recientemente, al semanario francés Charlie Hebdo, son factores que alimentan una islamofobia de gravedad importante. Sin embargo, para Janine Rodiles, escritora y psicóloga mexicana, de religión musulmana, querer entender el islam a partir de estos hechos “es como decir que la Inquisición es el cristianismo; y tal vez sí sea parte, pero nadie puede decir que eso representa la enseñanza que Jesucristo dejó a través de los Evangelios… ¡es exactamente lo contrario!”.
Sin ánimo de hacer en estas páginas un análisis concluyente sobre un tema de extrema complejidad, preferimos buscar a algunos integrantes de la comunidad musulmana en México para conocer un poco acerca de su realidad. Les pedimos que nos contaran sus historias, sus ideas, sus razones… y, de manera muy particular, que nos dieran su opinión sobre la campaña de terror que está operando el Estado Islámico y que ha logrado una afiliación multitudinaria de jóvenes originarios de diferentes países para sostener una lucha sangrienta en nombre de Alá. Esto es algo de lo que nos contaron.

Sonia tenía apenas diez años cuando tuvo su primera aproximación a la religión musulmana. Jugaba en casa de una tía cuando encontró algo en el librero que llamó su atención. Recuerda que se trataba de un libro particularmente hermoso, que ella empezó a hojear como si se tratara de un cuento infantil. Entonces no podía darse cuenta, pero se trataba de un Corán, que había llegado a casa de su tía de manera fortuita. Para Sonia, ese sería su primer día como musulmana.
Durante años, Sonia practicó la religión del islam de manera intuitiva. Logró, incluso, involucrar a su esposo, a quien convirtió poco a poco en un hombre de fe, después de haber sido ateo toda su vida. Fue hasta que él murió, después de diez años de matrimonio, cuando decidió buscar una comunidad musulmana en la Ciudad de México. Así llegó al centro Al Hikmah, donde recibió apoyo e información, y donde posteriormente hizo su profesión de fe.
Sonia tiene cuarenta años de edad y desde que enviudó vive con sus padres en el Estado de México. Sigue dando clases de matemáticas en la misma secundaria, donde, después de haber pasado por un mal primer momento, han aprendido a respetar sus creencias.

Ángel Molina
Es originario de la Provincia de Salta, Argentina. Llegó a la Ciudad de México a mediados de 2011 acompañando a su esposa, quien venía a estudiar una maestría en el Colegio de México. Aunque su plan era estar en este país únicamente dos años, les gustó tanto la forma de vida con la que se encontraron que aún siguen aquí, y todavía no tienen planes de regresar.
Desde hace muchos años, Ángel se ha dedicado primordialmente a estudiar las religiones, particularmente la filosofía que hay detrás de cada una de ellas. Fue así, justamente, como llegó al islam, siendo todavía un adolescente que vivía en casa de sus padres, donde, por cierto, se seguían las tradiciones religiosas de la Iglesia católica apostólica ortodoxa siria (aunque su apellido hace pensar que es de origen español, él aclara que sus antepasados son árabes, y que Molina es un derivado de Taján, que se podría traducirse como molinero). A los diecisiete años Ángel descubrió en los preceptos de la escuela chía una mejor opción para seguir creciendo espiritualmente. Entre otras cosas, encontró muy positivo el hecho de que esta rama del islam sea muy enfática al señalar la necesidad de nunca perder la capacidad crítica y aceptar las enseñanzas islámicas no como dogmas de fe, sino después de un análisis que desemboque en un convencimiento racional.
Actualmente, Ángel tiene treinta y ocho años de edad, es politólogo de profesión, da clases de árabe y estudia una maestría a distancia, llamada Filosofía de la Ética, en una universidad iraní.

Ximena Hernández
Como le ocurre a mucha gente cuando recién ha cumplido los veinte años, Ximena tenía ganas de comerse el mundo y sentía que nada ni nadie se lo podría impedir. Sin embargo, no tuvo que transcurrir mucho tiempo para que se diera cuenta de que las cosas no estaban saliendo como quería. Proveniente de una familia católica, aunque no practicante, Ximena entró en contacto con una comunidad cristiana buscando acercarse a Dios.
Actualmente tiene veintinueve años de edad, es estudiante de Derecho y trabaja como asistente de dirección en el Instituto Nacional Electoral. Hace poco más de un año, sin haber encontrado todavía esa vida espiritual que había estado buscando, sintió curiosidad por conocer la religión del islam y decidió hacer una búsqueda en internet. Fue así como conoció a Ahmadullah Abdul Shokur, un musulmán de nacimiento, de nacionalidad afgana, que poco a poco le fue explicando todo lo relacionado con esta religión. A principios de este año, Ximena hizo un viaje a la India para hacer su profesión de fe como musulmana y encontrarse por primera vez en la vida con quien días después se convertiría en su esposo.
Desde que se divorció de su primer esposo supo que quería estar con un hombre de fe, y eso fue justo lo que encontró en Ahmadullah. Según sus palabras, reconoció en él una manera distinta de tratar a la gente. Hoy, a diferencia de lo que ocurría en su interior hace siete años, Ximena se siente plena, renovada espiritualmente y con un gran orgullo de poder decir “soy musulmana”.
El llamado Estado Islámico es en realidad una agrupación de origen oscuro, cuyas víctimas son mayoritariamente musulmanes de Oriente Medio, además de las minorías étnicas y religiosas de la zona. Tanto su proceder como su ideología, aun diciendo ser islámicas, están muy alejados de los valores islámicos. No puede ejercerse coacción ni violencia de acuerdo con las enseñanzas de la fe musulmana; asesinar a una persona es tan grave que se considera como si se asesinara a toda la humanidad, según el Corán. Esa agrupación no es islámica y es repudiada por la mayoría de musulmanes en el mundo, de hecho consideramos que están secuestrando el nombre del islam para perjudicar nuestra imagen y para perseguir fines nada positivos.”

Originario del DF, y con veinticuatro años de edad, Aarón es recién egresado de ingeniería civil, y trabaja desde hace más de un año como dibujante en el área de proyectos de una empresa privada en el Estado de México. Además, lleva a cabo un importante esfuerzo de difusión del islam a través de dos proyectos: una asociación, que él mismo fundó y dirige desde 2012, llamada Juventud Musulmana de México, cuyo principal objetivo es crear espacios de aprendizaje y convivencia sana para los jóvenes; y de Salam México, una organización creada para dar información a cualquier interesado, sea o no practicante de esta religión.
Aunque en un inicio la decisión de Aarón provocó que su madre permaneciera enojada con él durante varias semanas, con el tiempo terminó por respetar sus creencias y estilo de vida al comprobar que no se trataba de algo pasajero y considerar que el cambio estaba resultando favorable para él.
Aarón tiene planes de administrar su propio negocio y darse tiempo para viajar por México, además de visitar La Meca y algunos otros sitios de Oriente Medio que quisiera conocer.

Lorena Ochoa
El 11 de septiembre de 2001, a los dieciséis años, fue la primera vez que escuchó hablar sobre el islam. Según veía en los periódicos y en la televisión, el ataque a las Torres Gemelas podría ser responsabilidad de “los musulmanes” —así, en general—. En vez de asumir esto como cierto, Lorena sintió por primera vez la curiosidad de investigar cuáles eran realmente los preceptos de esta religión.
A sus treinta años, Lorena está por iniciar la carrera de Lengua y Literatura Hispánica. Antes estudió Derecho y actualmente se dedica al litigio. Cuando no está en los juzgados, donde dice pasar una buena parte de su tiempo, acostumbra leer o escuchar música clásica o rock.
El interés sobre el islam que nació en ella aquel 11 de septiembre encontró continuidad años después, en una conferencia sobre cultura egipcia a la que asistió, y en la que tuvo oportunidad de conocer a los expositores, con quienes mantiene relación hasta la fecha. Para entonces no había considerado adoptar esta religión como propia, sin embargo, conforme la fue conociendo, fue también descubriendo respuestas a preguntas que nunca antes se había podido responder.
Aunque cambiar de religión implicó para ella la pérdida de algunas amistades, Lorena considera que la práctica del islam la ha hecho más humilde y más humana. Según dice, antes simplemente vivía el momento, sin pensar en Dios; ahora, en cambio, desde que se levanta a hacer la oración del amanecer, hasta que se va a dormir, todos sus actos y pensamientos van dirigidos a Alá.

Fitra Ismu
Hace trece años, cuando todavía vivía en Indonesia, su idea sobre México estaba en gran medida determinada por las historias protagonizadas por Thalía y Fernando Colunga, que veía en la televisión. Aun así, quiso venir a estudiar un posgrado sobre las culturas maya y azteca, algo atípico entre los jóvenes de su generación, que solían partir a continuar sus estudios en otras ciudades de Asia, Europa e, incluso, Estados Unidos.
Originario de un país en el que el 80 por ciento de la población practica la religión del islam, Fitra no es la excepción. Por eso, cuando llegó a la Ciudad de México en 2002, y supo de un reciente brote de musulmanes que se estaba dando en Chiapas, además de sorprenderse decidió hacer un cambio de planes y estudiar en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), primero, una maestría sobre el islam en el México contemporáneo; posteriormente, un doctorado sobre el islam en América Latina.
Desde 2003 hasta 2012, Fitra trabajó para la embajada de su país, donde una de sus principales labores fue difundir la música y danza indonesias (algo que sigue haciendo por cuenta propia). Ahora, además de dar clases sobre islam en la ENAH, se dedica a hacer traducciones del inglés al español y es representante de algunas empresas indonesias que buscan abrirse camino en el mercado mexicano. Tiene treinta y siete años de edad y es autor de los libros El Islam para principiantes, Islam en América Latinae Islam en el México contemporáneo, todos disponibles en Amazon.

Denisse Alcántara
Hace poco más de tres años, después de perder una oportunidad de trabajo por no dominar el inglés, Denisse tuvo la idea de buscar una forma de practicar este idioma a través de internet. Entonces dio con una página creada justo con tal propósito, en la que usuarios de diferentes países pueden entablar conversaciones entre ellos. Así conoció a Engin Varol, un musulmán de origen turco que llegaría a ser muy importante en su vida, pues gracias a él tuvo su primer acercamiento con el islam.
Denisse nació en la Ciudad de México hace treinta y un años. Estudió Derecho y actualmente trabaja como asistente legal en una empresa constructora e inmobiliaria. Proviene de una familia católica, aunque no practicante, así que, antes de convertirse en musulmana, realmente no había llevado una vida religiosa. Sin embargo, cuando Engin le empezó a hablar sobre sus creencias y de cómo todos sus pensamientos estaban inspirados por el islam, ella se fue sintiendo cada vez más identificada con esa manera de pensar y de entender la vida.
Hoy Denisse considera que la religión del islam la ha convertido en una persona pacífica y le ha dado serenidad para aceptar las cosas, sin vivir en una pelea permanente con el mundo, como era antes. Varias veces, al revelar la religión que practica desde hace poco más de un año, ha notado reacciones de sorpresa en la gente. “No me creen porque me consideran una persona de carácter, independiente, y la gente por lo general tiene la idea de que las musulmanas son sumisas”, dice.

Janine Rodiles
Aunque ya había pasado por una etapa de desencanto como psicóloga, convertirse en la biógrafa de Salvador Roquet, un hombre de ciencia que, sin embargo, trabajó muy cerca de María Sabina y otros tantos chamanes, le dio a Janine una perspectiva completamente distinta sobre lo que significaba el trabajo psicológico. Tenía poco menos de treinta años cuando, trabajando junto a él, no sólo descubrió formas alternativas de terapia con las que se sintió muy afín, sino que pudo conectar con su aspecto espiritual a través del mundo chamánico y de las enseñanzas de San Francisco de Asís, al cual era devoto Roquet; por eso, al morir quien llegaría a ser su mentor y maestro espiritual, Janine se encontró con un vacío muy difícil de llenar.
Pero hoy, a sus cincuenta y un años de edad, la situación en que se encuentra Janine es completamente distinta a lo que enfrentó en aquel momento de crisis: está dedicada primordialmente a escribir —tiene cuatro libros publicados, incluyendo la biografía de Salvador Roquet, y otros dos en proceso—, a dar terapia psicológica —individual, de pareja o familiar— y a dirigir un círculo sufí en Cuernavaca, donde radica actualmente, a través del cual realizan diversas actividades de servicio a la comunidad, además de reunirse para hacer oración.
Después de haber buscado su camino espiritual en el budismo, en el cristianismo y hasta en el mundo indígena, Janine llegó finalmente al islam, donde se sintió cómoda y plena desde el primer momento, hace ya veinte años.