Son pocos, apenas seis, pero en ellos se concentra el descontento social contra la partidocracia que ha dominado la vida política nacional. Se trata de los candidatos independientes que fueron votados a
diversos cargos de elección popular en los comicios
del pasado domingo 7 de junio.
Ellos son una de las novedades en estas elecciones. Otra es el voto nulo que, de acuerdo con el PREP, habría sumado 1 millón 788 393 sufragios, lo que representa el 4.88 por ciento de la votación total. Un porcentaje superior al obtenido por Encuentro Social (3.30 por ciento), el Partido Humanista (2.14 por ciento), Nueva Alianza (3.74 por ciento) y el PT (2.87 por ciento).
Esos dos fenómenos explican por qué PRI, PAN y PRD obtuvieron una votación histórica mínima. El 21 por ciento de Acción Nacional es la más baja desde 1991 y casi la mitad que logró en su nivel más alto en el año 2000, con un 38 por ciento. El 11 por ciento que consiguió el PRD es su menor votación desde 1990 y casi la tercera parte del obtenido en 2006 cuando llegó al 29 por ciento.
A su vez, los 29 puntos porcentuales del PRI son la segunda votación más baja que ha recibido (en 2006 tuvo 28 por ciento), y representa la mitad del 58 por ciento que logró en sus gloriosos años del “carro completo”, en el ya lejano 1991. La tendencia es clara y contundente: el sistema de partidos está en crisis. Quizá por eso hubo tanta resistencia a modificar la Constitución, para eliminar el mandato que desde 1946 prohibía esta figura y establecía que la postulación de aspirantes era exclusiva de los partidos.
Aun así, el camino no fue fácil. Para el pasado proceso electoral, más de 500 ciudadanos manifestaron su intención de obtener una candidatura independiente en 15 entidades, pero sólo 125 cumplieron con los requisitos y lograron el registro: tres se postularon para una gubernatura, 22 para diputaciones federales, 29 para diputaciones locales y 71 para una alcaldía o jefatura delegacional.
De ellos, sólo estos seis consiguieron llegar a una curul o al despacho en el palacio municipal o de gobierno.
Se trata de Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco, quien se impuso en la gubernatura de Nuevo León, arrastró el voto a favor de César Valdés Martínez, que se alzó con el triunfo en el municipio de García. Además de Alfonso Martínez Alcázar, alcalde electo de Morelia, Michoacán, y José Alberto Méndez, futuro munícipe de Comonfort, Guanajuato. De los 500 diputados federales, sólo uno será independiente: Manuel Clouthier, hijo del Maquío; mientras que en los congresos estatales, Pedro Kumamoto llegará al Poder Legislativo de Jalisco. Sin embargo, ¿qué tan independientes son los “independientes”?
¿Independientes o apartidistas?
De los 121 candidatos independientes que lograron el registro, al menos 48 han ocupado en el pasado diputaciones locales o alcaldías, bajo las siglas de un partido político. Incluso, varios de ellos renunciaron a su militancia para incorporarse a otra, antes de optar por ser candidatos ciudadanos. Por ejemplo, el Bronco estuvo en las filas priistas durante 36 años en los que fue delegado de la CNC, secretario general del PRI en la entidad, diputado local y federal, así como alcalde de García.
Martínez Alcázar estuvo afiliado al PAN durante 22 años, partido por el que fue diputado federal y presidente del Congreso de Michoacán; José Alberto Méndez, conocido como el Bronco de Guanajuato, fue panista por ocho años e, incluso, llegó a la presidencia de Comonfort bajo esas siglas en 1997; hoy regresará a gobernarlo como ciudadano. Mientras que Clouthier fue también miembro de Acción Nacional hasta 1990.
El único ciudadano sin pasado partidista que obtuvo un cargo es Pedro Kumamoto Aguilar, de apenas 25 años, quien llegará al Congreso de Jalisco. Hasta hace unos meses era un completo desconocido a escala nacional, pero con sólo 18 600 pesos (el presupuesto que corresponde a un independiente) fue capaz de realizar una campaña de “puerta por puerta”.
Apoyado por una eficaz estrategia en redes sociales y por un grupo de intelectuales y académicos como asesores, Kumamoto se adjudicó el 37 por ciento de los votos del distrito 10 de Zapopan, frente a 22 puntos de su más cercano competidor que era la abanderada del Movimiento Ciudadano, Margarita Alfaro. Tras la cruda postelectoral, cada uno de ellos se enfrenta a un dilema: cómo ejercer el cargo para el que fueron electos en su sistema diseñado para los partidos.
Moverse en el sistema sin se parte de el
Aunque se dice afín a que independientes pudieran llegar a los congresos locales, la Cámara de Diputados o el Senado de la República, el analista y politólogo José Antonio Crespo se opone a que esa figura se pudiera aplicar en el caso de las gubernaturas o del Ejecutivo Federal. “De llegar al poder, esa persona tendría que gobernar con cero respaldo formal en el Congreso. No sólo sería un gobierno dividido, sino completamente aislado”, lo que se traduciría, según su opinión, en ingobernabilidad.
Los aludidos le respondieron. Alfonso Martínez, el virtual alcalde de Morelia, aseguró que su condición de independiente, lejos de representar un obstáculo, le permitirá establecer un diálogo con todas las fuerzas políticas para trabajar coordinadamente en favor de ese municipio.
Adelantó que su fórmula será la inclusión, el diálogo y el consenso. “Es tan simple como el acuerdo necesario que debe existir entre el gobierno municipal de un partido y uno estatal de otra fuerza política. Puede ser más simple aún porque al ser independiente no eres oposición, ocupas un lugar más neutral, un lugar más cómodo y puedes acercarte más para lograr esos acuerdos y trabajar en conjunto por Morelia”.
Kumamoto dijo que ninguna bancada tendrá mayoría en el Congreso de Jalisco. “Me van a necesitar, un voto jamás había valido tanto. Seré un contrapeso y haré un ejercicio consistente y sensato del poder”. Las expectativas que han generado son enormes. Los principales retos: no traicionar a los electores que les dieron el triunfo, empoderar a la población, y acercarla a la toma de decisiones. Estos seis políticos tendrán la oportunidad de demostrar que las candidaturas ciudadanas pueden ser el caballo de Troya para una partidocracia en pleno declive.