Las elecciones del domingo pasado en México arrojan un saldo variopinto de continuidades y cambios. Por un lado, el PRI mantiene su predominio como el partido que gobierna más estados; la coalición PRI/PVEM/Panal conserva la mayoría en la Cámara de Diputados; y el Distrito Federal sigue siendo un bastión de izquierda. Pero, por el otro lado, hay alternancia en la mayoría de las gubernaturas en disputa y emergen nuevas fuerzas regionales; se modifica la configuración de las oposiciones en el Congreso; y Morena irrumpe como un poderoso ariete en la capital.
De nueve estados que eligieron gobernador, en cinco hay alternancia: Guerrero (del PRD al PRI), Michoacán (del PRI al PRD), Nuevo León (del PRI a un candidato independiente), Querétaro (del PRI al PAN) y Sonora (del PAN al PRI). En dos, los electores refrendan al partido en el poder: Baja California Sur (PAN) y San Luis Potosí (PRI). Y en otros dos estados en los que nunca ha llegado la alternancia, por el momento, tampoco llega: Colima (PRI) y Campeche (PRI).
El PRI confirma que es el único partido con presencia verdaderamente nacional, competitivo en todas las elecciones de gobernador (i. e., que queda en primero o en segundo lugar). Mientras que en 2015 el PAN y el PRD recuperan por primera vez el poder en un estado que ya habían gobernado antes (Querétaro y Michoacán, respectivamente), el PRI lo recupera en dos (Guerrero y Sonora), con lo que su cuenta en ese rubro asciende ya a doce.
Sin embargo, hay vida más allá de los partidos grandes. Jalisco, bajo la insignia de Enrique Alfaro como alcalde electo de Guadalajara, se convierte en un bastión de Movimiento Ciudadano. El recientemente creado Partido Encuentro Social, muy vinculado con las Iglesias evangélicas, tiene un desempeño sobresaliente en las elecciones para diputados federales en Hidalgo (9 por ciento), Distrito Federal (6 por ciento) y Estado de México (5 por ciento). Y en Chiapas el PVEM es primera fuerza casi duplicando los votos del PRI.
Más aún, los candidatos independientes se apuntan victorias en todos los niveles. Nuevo León es la primera entidad gobernada por una candidato sin partido (Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco). Pedro Kumamoto gana una diputación local en Jalisco; Manuel Clouthier una federal en Sinaloa; y tres independientes triunfan para las alcaldías de García (Nuevo León), Morelia (Michoacán) y Comonfort (Guanajuato).
En la Cámara de Diputados, el PRI obtiene once curules menos que en 2012, mas su pérdida se compensa con las diecinueve adicionales que gana el PVEM. Entre ambos suman 249 (203 y 46, respectivamente) y, sumando las once del Partido Nueva Alianza, tienen la mayoría asegurada. El PAN pierde apenas cuatro asientos en el Congreso (pasa de 113 a 109), saliendo más o menos tablas.
Pero en el flanco izquierdo los balances se alteran significativamente. El PRD reduce su bancada por más de un tercio (de 99 a 60 diputados) y el PT pierde su registro, mientras que Morena logra 36 asientos y Movimiento Ciudadano 26. Otro dato interesante es la caída en el voto por los partidos grandes (PRI, PAN y PRD). En 2009 aglutinaban el 77 por ciento de los votos; para este 2015 apenas rebasan el 60 por ciento.
Finalmente, los resultados en el Distrito Federal son una de las mayores debacles de las que haya memoria en la historia electoral de la democracia mexicana. En 2012, el PRD había ganado catorce de las dieciséis delegaciones en la capital y treinta y ocho de los cuarenta distritos por mayoría para la Asamblea Legislativa. Ahora, en 2015, pierde ocho delegaciones y se alza con el triunfo en apenas catorce distritos. A diferencia de lo que ocurre a escala federal para el presidente Peña Nieto, que conserva su mayoría legislativa, Miguel Ángel Mancera sale francamente muy debilitado.
A escala federal, a pesar de que la coyuntura era por demás propicia para el voto de castigo, la oposición no quiso o no pudo plantear la elección como un plebiscito en torno al gobierno de Enrique Peña Nieto. En la esfera local las alternancias y la derrota del PRD en el DF dejan claro que algo, sin embargo, se mueve.