Un viaje alucinante

¿Cuántos CEO de compañías Internet de las Cosas (IdC) se
necesitan para cambiar una bombilla?

Parece que muchos, porque casi todas las IdC –desde General
Electric y Samsung hasta startups como Sensity– quieren apoderarse de tus
enchufes de luz.

Concluida la conferencia de la industria de la iluminación de
este mes (LightFair International), descubrí que no hay tendencia más actual en
el espacio interconectado que la idea de una bombilla LED plagada de sensores
que te retroalimente datos sobre cosas como calidad del aire, patrones de viaje
o si el perro se subió al sofá cuando no estabas en casa.

Aunque algunas propuestas de la industria me parecieron una
mama…rrachada, al final del arco iris apareció una idea intrigante: los
enchufes de bombillas son el camino lógico de una red sensorial global que nos
permite entender movimientos y patrones de todo el mundo en tiempo real. Esa
tecnología crearía una especie de planeta cuantificado y promete ayudarnos a
realizar cosas inimaginables, como detectar guerras antes que empiecen o ver
las tendencias de la moda justo cuando están ocurriendo.

“Hay muy pocas cosas conectadas en miles de millones”, dijo Jim
Andrew, jefe de estrategias de Philips, en entrevista con Fast Company. “Jamás
hemos visto un mundo así, de modo que nadie sabe siquiera qué preguntar”.

Pero… ¿enchufes de bombillas? Pues, sí. Están conformando una
droga de entrada a la Internet de las Cosas, razón por la que muchos CEO
empiezan a ver diminutas cajas registradoras frente a sus ojos.

Para empezar, esos enchufes son casi tan comunes como los
mosquitos. Según un cálculo, hay cerca de 4 mil millones de postes de luz en el
planeta y otros 4 mil millones de enchufes de lámparas nada más en Estados
Unidos, con un promedio de 52 por vivienda (los estadounidenses derrochamos
electricidad. Por ejemplo, en Holanda, el promedio es de 40 enchufes de
bombillas por familia). Si sumamos los enchufes en negocios, escuelas,
aeropuertos y demás, tendremos otras decenas de millones de enchufes de luz en
todas las zonas habitadas.

Cada enchufe es una fuente eléctrica que proporcionará energía
a los sensores y dispositivos inalámbricos en red incrustados en una bombilla.
Pero, aun más importante, las incontables bombillas de luz incandescente que
hoy ocupan los enchufes están cambiando por luces LED. Y la razón es meramente
práctica: las LED ahorran tremendas cantidades de electricidad. Por ejemplo,
Nueva York calcula que, para 2017, ahorrará 14 millones de dólares anuales en
su cuenta de luz con solo reemplazar sus farolas con LEDs.

Sin embargo, en un sentido más amplio, las LED son
esencialmente luces digitales, así que estamos por presenciar cómo se
transforma la iluminación de analógica a digital. Piensa en lo que ocurre
cuando algo se vuelve digital: música, vídeo, compras, teléfonos. ¡Aplicaciones
completamente nuevas se hacen realidad! Eso es lo que ocurrirá con la
iluminación. Cada vez tendremos más luces que controlaremos digitalmente
–colores, tonalidades, intensidad– y al mismo tiempo recogeremos y enviaremos
información a otras luces vecinas, a dispositivos como un smartphone o una
enorme base de datos en la nube. Las luces siempre han sido tontas y
solitarias, pero están a punto de volverse inteligentes y conectadas.

Las primeras apps seguramente combinarán sensores e iluminación
de maneras interesantes y novedosas. Una compañía, Terralux, está
comercializando redes LED capaces de detectar olores o humo, y son lo bastante
inteligentes para distinguir si se te están quemando las cortinas de la sala o
si se te está quemando el asado en el horno. La red podría disparar una alarma
e iniciar un patrón de señales de alerta luminosa. Otra clase de aplicación,
diseñada para tiendas detallistas, analiza los datos de ventas y mapea los
resultados con diferentes tipos de iluminación en el interior del
establecimiento para determinar cuál iluminación favorece más compras.

Un siguiente nivel de app utilizará sensores locales más
ambiciosos. Las redes de iluminación rastrearán autos en el estacionamiento de
un centro comercial y avisarán a los compradores sobre lugares vacíos o
alertarán a los vendedores cuando se aproxime una multitud. En el caso de la
policía, las redes de luces detectarán tiroteos con mucha más precisión que la
tecnología actual e informarán cuando un grupo de individuos se desplace de una
manera sugestiva de una bronca. La compañía de iluminación TCP ha empezado a
comercializar una tecnología sensorial de “movimiento y presencia” la cual, a
diferencia de los típicos detectores de movimiento, puede definir si hay algo
en la habitación que no se mueve. Así que puede descubrir a tu perro dormido en
el sofá, donde no debe estar y hasta tal vez pueda encender y apagar las luces
como relámpagos, para asustarlo y hacer que se esconda bajo la cama.

El premio gordo en esta tecnología sería una plataforma
luminosa con conexión global. GE, Samsung, LG y otros colosos mundiales han
anunciado esfuerzos en ese sentido. El año pasado, Cisco se asoció con la
startup Sensity, que se adelantó a las tendencias en 2013 con lo que denomina
una Red Sensorial Luminosa (Light Sensory Network). “Hay cuatro mil millones de
postes de luz que claman por ser elementos de una nueva red”, me dijo Hugh
Martin, CEO de Sensity. “Así que pensamos, ‘¿Qué más podríamos hacer con
eso?’”.

Es posible adaptar luces digitales para que detecten movimiento
y presencia, clima, sonidos, químicos en el aire, actividad sísmica ocasionada
por terremotos o vehículos pesados, y muchas otras cosas, seguramente. Ahora
bien, lo que hace Sensity es crear una plataforma común para que todos los
datos de esas luces, en interiores y exteriores, se vuelvan anónimas y estén
disponibles a desarrolladores de aplicaciones. Eso crearía un flujo de datos
pasmoso que abriría posibilidades increíbles para un análisis profundo de cómo
funciona el mundo; y además, nos daría vistas instantáneas, en tiempo real,
como si conectáramos al planeta a un ECG para observar sus latidos.

Por supuesto, la privacidad es un componente de la red de
Sensity y eso a todos agrada. Lo único que los sensores de luz no hacen es
grabar vídeo ni tomar fotografías, de suerte que no es posible identificar
individuos, solo patrones. Sin embargo, esos patrones son poderosos pues, a
través de los datos, los investigadores pueden identificar ciertas
combinaciones de movimiento, sonido y olor que –por ejemplo– revelen el
encuentro y avance de un ejército, como haría un sistema de alerta bélica
temprana. O bien, al visualizar el clima de manera más íntima, los científicos
podrían identificar el aleteo de una mariposa en Indonesia que ocasione un
huracán frente a la costa de Florida. Tal vez los sensores de patrones
registren a las francesas caminando por las calles de París, luciendo faldas
más largas, y vean esa tendencia diseminándose de ciudad en ciudad.

Con todo, de cierta manera encantadora, esa poderosa red
planetaria cuantificada la construiríamos todos, enroscando una bombilla a la
vez. Y hasta los editores de revistas pueden ayudar. ¿Sabes cuántos hacen falta
para cambiar una bombilla? Al menos tres: uno para ponerla, uno para sacarla,
otro para volver a ponerla…